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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: Madrid, España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Miguel Delibes de Castro (Valladolid, 1947) (1), doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid, es Profesor de Investigación en el Departamento de Biología de la Conservación de la Estación Biológica de Doñana (EBD, CSIC), de la que fue director desde 1988 hasta 1996.

El 8 diciembre de 1916 la Gaceta de Madrid publicó la Ley de Parques Nacionales del Ministerio de Fomento, sancionada por Alfonso XII. Este año [2016] se cumple su centenario.

Donde estamos ahora, ya sea París, Londres, o Berlín, solía estar cubierto de inmensos bosques que llegaban hasta donde alcanza la vista.

Trabajar con Jacques Perrin en una nueva película significa asumir nuevos retos. Está claro que volar con los pájaros por encima de la Tierra, o nadar con criaturas marinas por los mares es un reto, y además es un reto sin duda espectacular. Pero, ¿cómo podemos ver con nuevos ojos a esos animales tan familiares y tan filmados como lo son los de nuestros bosques, los erizos, los zorros, los ciervos o los jabalíes?

Cuando hablamos de ecosistemas en peligro, nos llegan a la mente imágenes de una selva destruida por taladores irresponsables, o de un rico sistema marino arruinado por el naufragio de un buque petrolero. Nunca imaginamos la existencia de otros sistemas igual de frágiles y que se encuentran literalmente bajo nuestros pies. Estos ecosistemas son las cuevas.

A la hora de hablar sobre biodiversidad y reflexionar sobre su protección, hay pocas figuras tan destacadas como Quentin Wheeler. Entomólogo, taxónomo y columnista de prensa, Wheeler suma dos cualidades imprescindibles en este ámbito: un gran prestigio científico y un claro talento para la divulgación.

Por supuesto, ¿cómo podría ser de otro modo? En un principio, cuando decidimos aproximarnos por distintas vías a la vida silvestre, lo hicimos cargados de sentimientos que ahora asociamos con los pioneros del naturalismo, tanto en nuestro país como en la América de habla hispana (1).

En el verano de 2007 saltó a los medios el hallazgo en Doñana de la raza de caballo más antigua de España. En el número 37 de la revista científica Animal Genetics, en 2006, aparecía un artículo titulado Saving feral horse population: does it really matter? A case study of wild horses from Doñana Nacional Park in southern Spain (¿Merece realmente la pena salvar una población de caballos asilvestrados? Estudio de los caballos salvajes del Parque Nacional de Doñana).

A regañadientes acepté la invitación de mi amigo. De acuerdo, juntos habíamos experimentado toda clase de aventuras. Nuestras correrías iban desde travesuras infantiles ‒aquella vez que iniciamos un incendio en el terreno baldío que había en la esquina de la casa– hasta diversiones más de adultos (y por lo tanto mucho más caras) como la ocasión en que nos atrevimos a lanzarnos de paracaídas. Habíamos vivido grandes emociones y jurado nunca rajarnos, pero explorar una cueva ¿a quien se le podría ocurrir? A Javier, me imagino.

Mencionemos la palabra biodiversidad a un urbanita y probablemente, en lugar de un aparcamiento vacío a la vuelta de la esquina, aparezcan en su mente imágenes de una remota belleza natural. La vida silvestre, pensamos, debería encontrarse en lugares salvajes, o confinada en santuarios y parques nacionales. Sin embargo, la investigación muestra que, de hecho, las ciudades logran sostener la biodiversidad, lo cual puede tener importantes implicaciones en los esfuerzos de conservación.