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"Ronin" (1984), de Frank Miller

En tres años, Frank Miller se convirtió en el autor más cotizado de la industria del comic-book norteamericano. Cuando en 1979 se hizo cargo del dibujo de la colección Daredevil nadie pudo prever que aquel joven desconocido iba a cambiar la historia de la editorial… y del comic-book.

A mediados de los ochenta tuvo lugar una auténtica revolución en el mundo del comic-book propiciada por una sola obra: Batman: El regreso del Caballero Oscuro (1986), guionizada y dibujada (con ayuda de Klaus Janson y Lynn Varley) por Frank Miller. Con esa miniserie no sólo se inauguró un nuevo formato, el llamado prestigio (pequeños álbumes con mejor papel e impresión) sino que se abrieron las puertas a una nueva orientación en el contenido de los cómics de superhéroes, más adulta y oscura. Esa nueva tendencia se confirmó el mismo año con la magistral Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons y poco después con La Broma Asesina, también de Alan Moore con el dibujante Brian Bolland.

Puede que hoy resulte difícil de creer, pero a finales de la década de los setenta y principios de los ochenta del siglo pasado, Lobezno, el personaje más popular de los ya muy exitosos X-Men y una estrella en meteórico ascenso del Universo Marvel, no tenía su propia colección.

Lobezno: Honor

Que a Frank Miller le atrae la cultura japonesa, sobre todo en su aspecto más ancestral y belicoso, queda bastante claro en muchas de sus obras. Lobezno: Honor demuestra que él y Chris Claremont tienen por común centro de interés ese estereotipo de lo japonés que combina samurais modernos, ninjas dignos de un thriller de los ochenta y yakuzas omnipotentes.

Cada momento y cada lugar por los que pasaron Bruce Wayne y el comisario Gordon en su juventud esconden secretos que solo un guionista ha sabido desvelar en clave noir. En Batman: Año Uno, Frank Miller relata, con una contundente sinceridad, los acontecimientos que sellaron el destino de ambos personajes.

Cada flecha traza en el cielo un prolongado itinerario. La sangre se derrama caprichosamente en el aire, mientras el cuerpo del enemigo herido se convulsiona fotograma a fotograma. El combate tiene la densidad de un viaje psicodélico, como si la muerte adquiriese formas de percepción totalmente nuevas. El detallismo de una gota de sudor cede paso a un aparatoso descuartizamiento a cámara lenta. Solo algunas pistas nos sugieren realismo en este escenario virtual. El resto –las batallas, las arengas, incluso el sexo– parece salir de un videojuego y cautivará –principal o casi exclusivamente– a quienes sean felices encadenados a la pantalla del ordenador.

Frank Miller siguen narrando el ocaso del Caballero Oscuro en esta secuela directa de la magistral El regreso del Caballero Oscuro, historia con la que Miller revolucionó la industria del cómic norteamericano en los años ochenta.

Frank Miller (Olney, Maryland; 1957) es uno de los nombres imprescindibles del cómic estadounidense desde que, durante los años ochenta, revolucionó el medio y contribuyó decisivamente al auge de los cómics para lectores adultos con títulos como Batman: Año uno o El regreso del Caballero Oscuro. Más adelante se dedicó a obras de creación propia como Sin City o 300, por las que obtuvo numerosos premios. También ha hecho incursiones en el mundo del cine, ya que fue, por ejemplo, el director y guionista de The Spirit.

Tras el lanzamiento de la caja Grandes Autores de Batman: Frank Miller, ECC emprende la publicación independiente de los libros que la integraban. Y qué mejor forma de empezar que con Batman Año uno (febrero-mayo 1987), no sólo uno de los mejores trabajos de la carrera de Miller y Mazzuchelli, si no, tal vez, una de las cumbres de la historia del cómic.

"The Spirit" (Frank Miller, 2008)



The Spirit reúne a dos visionarios del oficio de contar historias en el arte gráfico: Frank Miller, el creador de clásicos contemporáneos de vanguardia como “Sin City”, “300” y “El regreso del caballero oscuro”, y Will Eisner, un pionero del cómic actual estadounidense.