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Yo estudié italiano en el Istituto Italiano di Cultura de Madrid. Fue durante los primeros años de mi tesis doctoral, cuando no hacía nada más que encontrarme italianos en todos los documentos que leía. Así que, pensé, en algún momento tendré que viajar a Nápoles (lugar de origen mayoritario de todos mis alquimistas y destiladores) y algo de italiano habré de chapurrear.

Arte y ciencia

En el año de 1587, el gran Galileo Ga­li­lei pro­nun­ció una di­ser­ta­ción en Flo­ren­cia en la que hi­zo ase­ve­ra­cio­nes co­mo la si­guien­te: “En lo con­cer­nien­te a la con­fi­gu­ra­ción del in­fier­no, po­de­mos de­cir que és­te tie­ne la for­ma de un co­no”. ¿A qué vie­ne se­me­jan­te afir­ma­ción? ¿De qué tra­ta to­do es­to? Ocu­rre que en esa po­nen­cia, Galileo ha­ce re­fe­ren­cia a una de las obras más fa­mo­sas de la his­to­ria de la cul­tu­ra y de las le­tras, y la so­me­te a un aná­li­sis cien­tí­fi­co.

El conocimiento humano trabaja sospechando de lo evidente, en una suerte de combate sin término fijo contra la obviedad. Galileo Galilei advirtió que la luz es separable del calor y de todo ambiente luminoso. La luz dejó de ser una cualidad y se convirtió en un cuanto de corpúsculos invisibles, de velocidad instantánea y propagación universal.

Galileo Galilei suele ser considerado el padre de la ciencia moderna. Miró el cielo a través de un telescopio y descubrió, entre otras cosas, que Júpiter tenía lunas que giraban a su alrededor. El hallazgo causó una gran conmoción, porque se pensaba que todos los objetos del cielo giraban en torno a la Tierra. También pudo observar las fases de Venus, y de ahí concluir que sólo eran posibles si ese planeta giraba alrededor del Sol.

Galileo y el rapto de Europa

Io, Europa, Ganimedes y Calisto son los nombres de los cuatro satélites mayores de Júpiter. En la mitología clásica, cada uno de ellos corresponde con amantes de Zeus (el equivalente griego de Júpiter) y cada uno tiene historias fascinantes.

En la actualidad, la ciencia sabe ajustar su ritmo de absorción de novedades a pesar del grado de complejidad de sus retos. Sin duda, el investigador puede resistirse a determinadas tentaciones porque conoce el coste oculto de una indagación insensata o trivial. En todo caso, reducir los estímulos excéntricos no siempre es fácil, precisamente porque el caudal de posibilidades resulta desmedido... y también porque está en nuestra naturaleza. Es un hecho: los hombres se amontonan alrededor de aquello que les parece singular como las limaduras de hierro alrededor de un imán.