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Venecia y las coincidencias

Pensaba hace unos días escribir algo acerca de las coincidencias y enumerar algunas de las que he encontrado al leer la segunda parte de las memorias de Elias Canetti. Por otra parte, después de regresar de Venecia, me apetecía escribir acerca del veneciano Casanova y, cuando me disponía a hacerlo, he encontrado en mi camino una coincidencia. Así que escribiré al mismo tiempo acerca de las coincidencias y acerca de Casanova.

El duelo de honor. De Casanova a Borges

Lo sabemos gracias a Borges y a otros grandes antólogos. Una buena selección de relatos confiere a estos una nueva profundidad, como si el nuevo contexto generase valores inesperados en cada pieza. Gracias a ello, admiramos la policromía de ese nuevo repertorio, sobre todo cuando el orden se instaura sin forcejeos, con naturalidad, atendiendo al aire de familia que las obras comparten.

Tras las discusiones teológicas de los últimos días, Casanova aunque atraído por Helena, la hermana de la bella teóloga, cada vez se siente más seducido por Hedvige:

En 1760, Casanova se encuentra en Lausana. Se acaba de separar de uno de sus grandes amores, la Dubois, que ahora se ha convertido en señora Lebel, gracias a la ayuda del propio Casanova, y se dirige a Ginebra para visitar a Voltaire. Antes de partir se le acerca un pastor de la Iglesia de Ginebra que le propone compartir el coche.

Casanova, segundo acto

Casanova empezó a escribir sus Memorias a los setenta y dos años, “cuando puedo decir Vixi a pesar de que todavía vivo”. Vixi era la fórmula que empleaban los romanos para anunciar que alguien había muerto. En vez de decir “Ha muerto”, decían: “Ha vivido”.

Borregos

A lo largo de la historia de la humanidad, le deja a uno pasmado la facilidad con que millones de personas han seguido sin dudar las normas de los lugares comunes y la hipocresía dominante y se han olvidado de pensar más allá de lo admitido en su propio círculo.

Casanova y los vividores

He escrito en El placer y la salud que Casanova es uno de mis pensadores favoritos. Tal vez habría sido preferible escribir, en vez de pensador, “vividor”, siempre y cuando se entendiese vividor como aquél que sabe vivir, que sabe utilizar bien la vida. Sin embargo, vividor suele emplearse de una manera más restringida para aquellos o aquellas que pasan por la vida como quien pasa por una fiesta, que suele, además, tener las características de una orgía.