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"Notas sobre Venecia", de Juan Lamillar

Quien dice Venecia, dice arte y literatura. La ciudad no conoce apenas rivales como escenario de relatos y poemas inolvidables, y en este sentido, la percepción de lo veneciano ‒gracias sean dadas a los dioses‒ no depende de los folletos turísticos, sino de la estratificación de muchos recuerdos ilustres.

Contra el narrador omnisciente

En las novelas con un narrador en primera persona, aunque sepamos que se trata de alguien que nos está contando una historia tal como él la ve, tendemos a pensar que podemos fiarnos de sus palabras. Podemos estar de acuerdo o en desacuerdo con lo que este narrador nos dice, pero no solemos pensar en que nos mienta deliberadamente, o que cuente las cosas, los actos concretos, de manera diferente a como sucedieron. Y mucho menos se nos ocurre pensar que no piensa lo que dice que piensa. Esta confianza, que no tiene razón de ser desde un punto de vista lógico, ha sido aprovechada por algunos autores para dar una vuelta de tuerca a una narración. Creo que eso sucede en El doble de Dostoievsky, aunque no lo recuerdo bien, y sin duda en alguna de las novelas de Nabokov, quizá en Pnin, quizá en Desesperación: de pronto, llegados a una página determinada, nos damos cuenta de que el narrador en el que confiábamos nos ha mentido, está loco, no es de fiar. Esto es muy interesante.

Aunque el volumen que nos ocupa incluye otras piezas magistrales de Henry James, la más conocida y prestigiosa de todas ellas es Los papeles de Aspern (1888).

"La edad ingrata", de Henry James

Mi deuda de gratitud con Henry James es impagable. No solamente por las obras que escribió, sino por el magisterio que ejerció sobre escritores (y escritoras) que forman parte de mi universo literario. Dicho así suena trascendente y un poco cursi, pero así soy yo, demasiado trascendente y un punto cursi, en honor a mi tierra de origen, donde parece que se originó la palabrita.

Al leer un ensayo de David Lodge, supe que la novela favorita de Proust era Un par de ojos azules (1873), de Thomas Hardy. Quiso algún dios generoso que se produjera la feliz coincidencia de que mi hermana tuviera ese libro. Así que lo he leído.

Los fantasmas nos sumergen en el éxtasis de la eternidad. Reciben el poder evocador del pasado y marean a sus espectadores con el perfume secreto de la muerte, que excita sentimientos de miedo y de fascinación.

"Nada se sabe de lo que ellas puedan esperar, pero nosotras no tenemos por qué atenernos a sus espectativas." (Jane Austen, Juicio y sentimiento, capítulo 2)

Henry James: "Los papeles de Aspern"

Henry James (Nueva York, 1843- Londres, 1916) es un escritor difícil. Aunque a lo largo de su trayectoria literaria su estilo varía y pasa de ser muy digresivo, con amplísimas descripciones y oraciones largas a otro más concreto y conversacional, no se puede negar que no es una lectura fácil, sino que requiere cierto esfuerzo intelectual.

"A Juliana", de Jeffrey Aspern

Gracias a los cuentos y novelas de Henry James conocemos la existencia de muchos escritores cuyas obras son muy difíciles de encontrar, como Hugh Vereker (La figura en la alfombra), Neil Paraday (La muerte del león), Ralph Limbert (La próxima vez), Henry St.George y Paul Overt (La lección del maestro) y, por supuesto, el divino poeta Jeffrey Aspern.

La misma historia siempre diferente

En los últimos capítulos de La cicatriz de Ulises, he comparado el método narrativo de Homero, la manera en la que el cantor ciego recorre el edificio de la narrativa mitológica, con algunas narrativas modernas, entre ellas la película Nine Lives (Ulises en Singapur),que trascurre en las calles de Singapur. Esa película es probablemente una de las primeras muestras de algo que anuncié en las páginas finales de El guión del siglo 21.