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En el tiempo transcurrido entre la publicación de La Batalla de Dorking en 1871 y el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 hubo, literalmente, cientos de autores escribiendo libros sobre guerras futuras y fantasías de invasión. Sus obras a menudo alcanzaron una inmensa popularidad en Inglaterra, Alemania y Francia. Se estima que llegaron a publicarse unos 400 títulos, el más conocido de los cuales fue La Guerra de los Mundos, de H.G. Wells, si bien hemos analizado varios de ellos en artículos anteriores.

El pensamiento utópico socialista fue una de las influencias más importantes que tuvo la ciencia-ficción a finales del siglo XIX, especialmente en el mundo anglosajón y Rusia. Las figuras más influyentes en el desarrollo de la ciencia-ficción anglosajona en los treinta años que discurrieron entre mediados de los ochenta del XIX y el comienzo de la Primera Guerra Mundial –Edward Bellamy, William Morris, H.G. Wells y Jack London– fueron todos socialistas. Aunque de ellos sólo London era realmente un marxista declarado, todos compartían la noción de que el romance científico y utópico estaba relacionado con la reforma social que superaría el amoral laissez–faire capitalista.

Gracias a la pluma de H.G. Wells, el por entonces aún conocido como romance científico llegó a su mayoría de edad. En sus primeros libros, especialmente La máquina del tiempo, La isla del Dr. Moreau, La Guerra de los Mundos y esta Los primeros hombres en la Luna, consiguió sintetizar una mezcla casi perfecta de todos los elementos que en las décadas anteriores habían ido filtrándose en el recién nacido genero: utopía, anti–utopía, sátira, relato filosófico, aventura verniana e invenciones científicas. Y esa mezcla, además, tenía un enfoque completamente moderno.

La influencia que ejerció H.G. Wells, tanto en su Inglaterra natal como en el extranjero, dependió de las circunstancias particulares de cada país. En el caso de Gran Bretaña, la extensión del romance científico más allá de los márgenes del subgénero de las guerras futuras fue explotada por otros escritores además de Wells, como es el caso del que ahora nos ocupa.

El lector que vaya leyendo cronológicamente las obras de Wells no tardará en descubrir una dicotomía, a veces muy evidente, entre la concepción dramática de los primeros libros y la ambición panorámica y generalista de las obras que, como Anticipaciones de las consecuencias del progreso mecánico y científico sobre la vida y pensamiento humanos (1901), fueron apareciendo a partir del cambio de siglo. Se trata de un trabajo de seria extrapolación que obtuvo bastante éxito en su día y es todavía de gran interés por su intento racional de reflexionar acerca de cómo podría realmente ser el futuro.

Invasiones alienígenas

Las historias relacionadas con la invasión de la Tierra por parte de fuerzas alienígenas provenientes del espacio exterior es uno de los temas más antiguos y básicos de la Ciencia Ficción. Esta perturbación de la vida cotidiana de la humanidad –o su equivalente del futuro– puede tener lugar a gran escala en historias como La Guerra de los Mundos (1898) de H.G. Wells, pero más a menudo se trata de un asunto puramente doméstico en el que la presencia alienígena es geográfica y temporalmente limitada.

A finales del siglo XIX, el inconsciente colectivo de Inglaterra seguía acosado por las pesadillas de invasión de ejércitos extranjeros que había iniciado la novela La Batalla de Dorking en 1873. H.G. Wells se apoyó en el esquema general típico de este subgénero, pero su aproximación fue enormemente novedosa, puesto que el enemigo invasor no sólo venía de muy lejos sino que además resultaba prácticamente invencible.

Antes incluso de que H.G. Wells viajara a Norteamérica en 1906, el skyline de Nueva York ya simbolizaba para él un crecimiento inagotable y enérgico, “algo inevitable e inhumano”. Tras un día recorriendo sus calles, observó: “Lo importante es el aspecto mecánico, ese algo inintencionado que acelera a toda esa gente, haciéndoles colgar de arneses, impulsándolos por los huecos de ascensor y derramándolos en los ferrys”.

El primer ciclo de novelas de Wells se cierra con dos trabajos fascinantes pero parcialmente fallidos: Los primeros hombres en la Luna (1901) y este When the Sleeper Awakes (1899), el que se nos traslada al futuro para mostrarnos los detalles de una megalópolis futurista regida por el capitalismo y la tiranía despiadada. Fue la primera ficción política explícita escrita por Wells.

La fusión entre la biología y el romance científico planteada por escritores como H. Rider Haggard, fue tomada prestada por Wells a partir del escritor Grant Allen. A finales de 1895, justo después de publicar La máquina del tiempo, Wells escribió al ya maduro Allen: “Me congratulo de tener cierta afinidad con usted. Creo que este campo del romance científico con un elemento filosófico que estoy intentando cultivar, le pertenece en justicia a usted”. ¿Y quién fue este Allen con el que el mismo Wells reconocía estar en deuda?