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Isabeladas

El personaje de Isabel I de Inglaterra, llamada la Reina Virgen (no hace falta explicar el porqué), obtuvo un interés inusitado en la operística italiana del XIX. Y puede otorgarse a Rossini el punto de partida de tamaño interés, cuando en 1815 estrenó su primera ópera napolitana (Elisabetta Regina d’Ingliterra), aunque seis años atrás Stefano Pavesi ya se había medido con la soberana inglesa para un estreno turinés hoy olvidado.

La Reina Virgen

Los sábados, después de comer, tocaba sesión de cine. Mi madre, mi hermana y yo nos sentábamos en el sofá del comedor y veíamos la película de turno. Allí no se elegía. En aquellos tiempos veías lo que tenían a bien programar en la única televisión existente. Y punto.

Divertimento isabelino

A ver, nena, que te acabo de descubrir. Si, como lo oyes, que se te ven las intenciones. Que tú, en realidad, qué ibas a querer morirte virgen. ¡Anda ya! Que si, que no te hagas la tonta... que a tí te gustaba Felipe, que siempre pensaste que ibas a sustituir a tu medio hermana en su lecho. Pero no.

No acababa de creerse Isabel, la reina virgen, el triunfo conseguido sobre su odiado Felipe. Y no acababa de creérselo porque no había hecho nada para merecerlo.

"María Estuardo", de Stefan Zweig

Sea cual fuere la historia de María Estuardo (la verdadera jamás la sabremos), el libro de Stefan Zweig tiene derecho a que se le considere como una de las más brillantes suposiciones de la verdad, y es una proeza asombrosa imaginar a esta figura hundida en la más negra culpabilidad, para elevarla después sobre un pedestal de nuestra simpatía y compasión.