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En 1954, Walt Disney había cosechado un gran éxito con su lujosa adaptación de la novela de Julio Verne 20.000 leguas de viaje submarino. Dos años después, United Artists estrenó la igualmente espectacular La vuelta al mundo en ochenta días (1956), protagonizada por un extenso elenco de estrellas encabezado por David Niven y Cantinflas, y que ganó el Oscar a la Mejor Película de aquel año.

En términos narrativos, son tan importantes como el héroe. Le dan a este último un sentido, una misión, un objetivo. Al enfrentarse al chico bueno –en la visión masculina de Hollywood hay pocas mujeres de acción–, sirven para que éste muestre sus cualidades y su lado más humano, sobre todo al verse atacado en lo que más quiere.

Años después del estreno de la exitosa 20.000 leguas de viaje submarino (20,000 Leagues under the Sea, 1954), Twentieth Century Fox retomó otro clásico de Julio Verne en una nueva producción de similares características.



En 1954 se estrenó esta nueva versión cinematográfica de la obra de Julio Verne 20.000 leguas de viaje submarino (20,000 Leagues under the Sea), que supuso el primer acercamiento de Walt Disney a la ciencia-ficción.

El guión de David Mamet convierte Veredicto final (The Veredict) en una de las mejores películas de abogados y juicios jamás filmadas. Tensa, amarga y desencantada, la trama oscila entre valores peligrosamente cercanos: la moral y la conveniencia, y el amor y la manipulación.

Lo peor que le puede ocurrir a una película de espionaje es que resulte confusa. Y eso le sucede a El hombre de Mackintosh, una cinta forzada en la que parecen no creer ni intérpretes ni director.