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"Juicio y sentimiento", de Jane Austen

¿Qué nos dice hoy Jane Austen? Más que enviarnos un mensaje ‒como esos escritores que aspiran a ser citados en libros de aforismos‒, lo que Austen nos plantea, sin mayores aspavientos, son vislumbres de su realidad. Una realidad marcada por los convencionalismos de su tiempo, pero observada por ella con inteligencia, frescura y generosidad.

"Persuasión / Sanditon", de Jane Austen

A diferencia de lo que sucede con otros autores de su tiempo, uno lee a Jane Austen con naturalidad, sin desprenderse de la sensibilidad actual, y sobre todo, sin esa sensación de que hemos de pasar las páginas con un quinqué encendido y con la mano agarrada a la solapa de la levita.

"Amor y Amistad", de Jane Austen

Uno siente como si conociese de toda la vida a Jane Austen, cuyo bicentenario, por cierto, conmemoramos en 2017. Ella, como bien sabe la legión de seguidores que cita una y otra vez su nombre, es esa escritora sutil, inteligente, perspicaz y elegante, a la que siempre volvemos cuando el mundo parece perder su cordura.

El aspecto de cartón piedra de los personajes del cartel anunciador no representa, en modo alguno, el sentido de la película, su contenido, su estilo.

Jane Austen y los amores contrariados

Quizá el personaje femenino que más desaires amorosos recibe de todas las mujeres del universo Austen es Harriet Smith. No creo que haya en esta elección ningún elemento discriminatorio, aunque quizá la vida y los antecedentes de Harriet la convierten en una presa fácil para estos desafueros.

Austen y la lectura de novelas

Novela, sí. ¿Por qué no decirlo? No pienso ser como esos escritores que censuran un hecho al que ellos mismos contribuyen con sus obras, uniéndose a sus enemigos para vituperar este género de literatura, cubriendo de escarnio a las heroínas que su propia imaginación fabrica y calificando de sosas e insípidas las páginas que sus protagonistas hojean, según ellos, con disgusto. Si las heroínas no se respetan mutuamente, ¿cómo esperar de otros el aprecio y la estima debidos?...

Gente cursi

Ser cursi no tiene época, ni clase social, ni edad, ni sexo. Es una actitud que procede de la equivocada percepción de quien quiere ser sin poder, de quien olvida las virtudes que adornan al individuo auténtico: la verdad, la espontaneidad. En Orgullo y Prejuicio, el libro que Jane Austen escribió con veinte años y publicó mucho tiempo después, hay espléndidos ejemplos de cursilería. Para no ser exhaustivos, quedémonos con uno: las hermanas de Bingley.

Cartas, relaciones, cartas…

Podría escribirse una historia del sentimiento amoroso a través de las cartas. La relación epistolar ha construido relaciones y las ha destrozado. Ha cerrado capítulos y ha mantenido la ilusión cuando la distancia se ha convertido en eje. Ahora, en nuestros días, esa distancia no tiene que ser física. Aposentados cada uno de nosotros delante del ordenador, en cualquier momento sale al aire de la Red un mensaje de correo electrónico (encantador anacronismo del tú a tú que está a punto de ser declarado especie a extinguir) y, por qué no, el aviso en forma de tuit o el intrigante post de Facebook, que se dirige al mundo aunque a ti se dirige.

Casarse por amor

Jane es la más “hermosa y dulce” de las hermanas Bennet. Por eso mismo a ella le corresponde la obligación de asegurar el sustento de la familia a través de un casamiento ventajoso. La propiedad familiar está vinculada a la rama masculina y, dado que los señores Bennet “sólo” han tenido hijas, pasará a manos de un primo lejano, a la sazón clérigo, el señor Collins.

Doce Austen-Men

Se piensa con razón que los libros de Jane Austen son “femeninos”. Nunca he entendido muy bien qué significa esto. Es verdad que están escritos por una mujer, seguidos y leídos por las mujeres y llenos de mujeres. Pero, si los hombres no los leen algo falla, y me temo que la educación sentimental de “ellos” tiene muchos huecos que rellenar si se apartan de su lectura. Quizá son los hombres los que más y mejor pueden aprovechar su lectura.