Verde Irlanda, rojos cabellos

Esos personajes que, después de llevar una vida de conflictos y violencia, vuelven a sus lugares de origen y se convierten en mansos corderillos me resultan muy atractivos. Ya conocéis el tipo: gente que ha sido marine, policía, ranger, pistolero o asesino a sueldo.

Balada del hombre solitario

Centauros del desierto, de título original The Searchers, es considerada una de las más grandes películas de la historia del cine. Dirigida por el maestro John Ford en 1956, su modesto éxito de taquilla inicial y sus primeras críticas no hicieron sospechar que, años después, sería reivindicada por directores como Martin Scorsese y Steven Spielberg, que la consideran una influencia definitiva en Taxi Driver y Encuentros en la tercera fase, respectivamente.

Para trasladar al lector la forma en que yo veo al periodismo actual y la brutal crisis del sector de la comunicación, pido atención sobre la imagen seleccionada. En ella vemos cómo se amenaza al reportero, fotógrafo, editorialista, entrevistador, director y editor del Shinbone Star, el inefable Dutton Peabody que interpretaba el gran actor Edmond O’Brien en la película El hombre que mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valance, John Ford, 1962). Y el que amenaza no es otro que Valance, pistolero, matón, cuatrero, buscavidas del Oeste que no consiente que un simple gacetillero publique sus fechorías y dé a conocer al mundo sus crímenes.

"Centauros del desierto", de Alan Le May

Si confeccionase una hipotética lista de grandes libros que se han convertido en grandes películas, la encabezaría la novela de Mario Puzo, El padrino, una obra que dio lugar no a una, sino a dos obras maestras del séptimo arte: las dos entregas de El padrino que dirigió Francis Ford Coppola.

La filmografía de John Ford nos tiene a todos metidos en un puño. Su sabiduría narrativa despliega un humanismo prodigioso, que a casi nadie le resulta indiferente, a no ser que su idea del cine no pase por el clasicismo de los grandes maestros.

Gypo Nolan (Victor McLaglen), un ex miembro del IRA, denuncia a un antiguo amigo buscado por la policía inglesa para conseguir una suculenta recompensa que le permita conquistar a Katie (Margot Grahame), la bella mujer de la que está profundamente enamorado

"El hombre tranquilo", de Maurice Walsh

En 1933 el escritor irlandés Maurice Walsh atrajo la atención del director John Ford, al publicar en Estados Unidos El hombre tranquilo. La historia del boxeador norteamericano que regresa a su Irlanda natal para hallar la paz, y la encuentra en brazos de una mujer pelirroja de fuerte carácter, sería llevada al cine en 1952, protagonizada por John Wayne y Maureen O’Hara.

¿Qué hace de El Hombre Tranquilo la película favorita de tantas personas? ¿Por qué es tan grande una comedia tan humilde en su planteamiento y en sus ambiciones? Mucho se ha escrito al respecto, y mucho más se podría teorizar, pero lo cierto es que capturar y etiquetar la magia que hace que El Hombre Tranquilo sea una obra de arte cinematográfico 100% perfecta es prácticamente imposible.

"Las uvas de la ira" (John Ford, 1939)



Las uvas de la ira (The Grapes of Wrath), llamada Las viñas de la ira en México, es una de las grandes películas de John Ford. El cineasta la realizó para recordar la tragedia que sufrió el pueblo norteamericano con la gran depresión de 1929, así como con las terribles pérdidas que padecieron los campesinos por las inclemencias del tiempo.

Más de medio siglo nos separa del tríptico fordiano integrado por Fort Apache (1948), La legión invencible (She Wore a Yellow Ribbon, 1949) y Río Grande (1950). El tiempo ha sido generoso con estas tres películas: tres obras maestras cuyo prestigio popular no ha dejado de crecer.