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En estos últimos doscientos años, Marx ha gozado de una popularidad cercana al folclore, es decir que ha terminado padeciéndola. Hoy, el adjetivo marxista es sólo traslúcido para los miembros de una determinada secta que se declara tal o para la policía de algún país que pretenda librarnos del marxismo. Por lo demás, internarse en Marx y sus derivas es una fascinante exploración, aunque la densidad de sus vegetaciones resulte a menudo asfixiante.

Nosotros, los póstumos

Tengo edad suficiente como para haber atravesado y poder recordar tres sucesivos postismos y manifestarme parte de esa humanidad a la cual dichas filosofías nos la han definido como póstuma. Diré unas cositas levemente filosóficas por lo que el lector poco entusiasta de tal disciplina está a tiempo para cambiar de columna.

El paradigma de Field y la novedad

Syd Field propone muchas veces lo mismo que proponía Aristóteles, aunque cambia algunos nombres.

España y la URSS

Ofrece una variada utilidad el libro de Andreu Navarra El espejo blanco. Viajeros españoles en la URSS (Fórcola, Madrid, 2016, 328 páginas). El trabajo en sí mismo, con una caudalosa información aseadamente ordenada y expuesta, ahorra al lector curioso pero no especializado una profusa navegación por archivos, bibliotecas, hemerotecas y librerías de viejo. Además, aquel trabajo tiene un valor específico. En efecto, este tipo de pesquisas obliga a leer buena y mala literatura, a lo cual el lector hedonista, que es mayoritario, no está dispuesto. Pero hay más y se podría hablar de cierta moraleja histórica. Provisoria, como toda conclusión en el tráfago de la historia, pero muy útil como reflexión y balance.

Estructura y susperestructura

Arnaldo Momigliano, en relación con la imagen de Heródoto como “padre de la mentira”, como historiador inventivo y poco riguroso, señala que es que es precisamente Tucídides el responsable de la mala fama de Heródoto: “Es hasta demasiado obvio que Tucídides determinó en definitiva el veredicto de la antigüedad sobre su predecesor” (Momigliano, 137).

La Segunda Internacional Socialista



Como parte de los festejos de la Revolución Francesa, los socialistas se reúnen en París e intentan refundar la Internacional. Esta, creada en Londres, en 1864, se ha dividido en La Haya, en 1872. De hecho, ha quedado en manos de los sindicalistas revolucionarios, que se autodenominan «federalistas».