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El título español de esta película resulta tan descriptivo como poco chisposo, teniendo el cuenta lo sonoro del original: Chappaquiddick. Ese impronunciable nombre es el de una isla de Massachusetts en la que Ted Kennedy, el único superviviente de los famosos hermanos, se vio involucrado en un asunto más que turbio en las mismas fechas en las que el Apollo 11 llegaba a la Luna, siguiendo el plan iniciado por John F. Kennedy.

Hay cuatro cosas que me gusta encontrar en una aventura cinematográfica: optimismo, paisajes exóticos, emoción y rebeldía. Cualquier combinación de esos cuatro ingredientes equivale a una fiesta sorpresa en cuanto se enciende el proyector. Cuando, además, esa mezcla funciona a la primera, un entusiasmo indefinible se materializa de la nada. Como si, contra todo pronóstico, la vida se elevara a un plano más elevado.

Posiblemente recuerden ustedes la adaptación cinematográfica de Hulk que dirigió nada menos que Ang Lee en 2003. A pesar de que tiene sus fans, el film desconcertó y aburrió a la mayoría al tratarse de un drama psicológico sobre problemas paternofiliales (con su poco de Jekyll y Frankenstein), en lugar de un film divertido y ruidoso sobre el más furioso de los superhéroes de cómic.

Tenía muchas ganas de ver House of Cards. La primera razón, y la más simple, es porque el protagonista era Kevin Spacey. Un tipo que es capaz de interpretar a un minusválido emperador del crimen, a un psicópata que habla como un profesor universitario, al espíritu de un padre de familia fumeta o a Lex Luthor de forma solvente, tiene todo mi respeto.


El 15 de junio se presentó 127 Horas, por primera vez, en un pack que incluye todos los formatos: Blu-ray, DVD y Copia Digital. Una nueva propuesta de Fox que permite disfrutar de la experiencia cinematográfica de calidad en cualquier soporte: desde los reproductores de Blu-ray y DVD, a las videoconsolas como Play Station 3, el ordenador o cualquier smartphone o tablet.