Trestesauros500

Ya le tienen ahí, con cara, ojos y ademanes. Ya podemos corporeizar, aunque sea en los rasgos de un actor gigantesco, quizá ya el mejor de su generación, a las sombras anónimas desprovistas de moral que han arruinado a millones de pequeños ahorradores con productos financieros subprime, llámense preferentes o como demonios quieran llamarles, con cuentas en Suiza para eludir el control del fisco.

La nueva película de Martin Scorsese nos habla de una era –finales de los ochenta, comienzos de los noventa– en que el darwinismo de Wall Street generó una especie humana, la de los brokers y los traders dispuestos a ir un paso más allá. Estos tiburones, a diferencia de sus compañeros de profesión, habían descubierto una nueva fe, digna de cualquier inmoralidad y de cualquier engaño. Me refiero, por supuesto, al amor irrefrenable por la riqueza.