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Con una frecuencia cada vez menor, aparecen en librerías de viejo y puestos callejeros aquellos tebeos de La Pantera Negra ‒así se titulaban‒ que publicó Ediciones Vértice en blanco y negro, a fines de los setenta. Cada vez que los veo, vuelven a mi recuerdo aquellas lecturas africanas de sábado por la tarde, en las que alternaba las aventuras de Kalar, dibujadas por el español Tomás Marco Nadal, con las tempranas peripecias de T'Challa, rey de Wakanda, oculto tras la máscara de Pantera Negra,

Colorista, llena de vida, El Hobbit: La desolación de Smaug se convierte en una formidable película de aventuras gracias al modo desbordante en el que Peter Jackson interpreta el mundo de Tolkien.

Han pasado casi diez años desde que Edgar Wright y Simon Pegg se ganaron el amor del público y la crítica con Shaun of the Dead (Zombies Party), brillante combinación de zombis y comedia costumbrista donde todo –guión, actores, realización, montaje y hasta efectos especiales– funcionaba a la perfección.