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Parece que sucedió hace poco, pero ya han pasado casi veinte años desde que todo el planeta se estremeció con la espantosa tragedia del naufragio del submarino ruso Kursk. Una lenta agonía con varios intentos de rescate fallidos, que acabaron de la peor manera, sin un solo superviviente bajo las gélidas aguas del mar de Barents.

Los cinéfilos veteranos seguramente lo recuerdan. Ocurrió en diciembre de 1984. El público quería ir a ver una space opera al estilo Star Wars. "¿Dune? Suena divertido", se dijeron al comprar la entrada. Solo que, a los diez minutos de proyección, cayeron en la cuenta que no lo era. No era un espectáculo divertido, y lo que es peor, aquel largometraje resultaba incomprensible para el público medio, ajeno a las sutilezas y a la densidad filosófica de la novela en la que se basaba el film.



En 1985 a la edad de 43 años, Jean–Dominique Bauby, carismático redactor jefe de la revista francesa Elle, sufrió una masiva embolia.