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Sueños que matan

Las líneas básicas de lo que voy a contar son habituales. Aparecen cada dos por tres en revistas como Variety y The Hollywood Reporter. Un hombre de negocios reflota una franquicia, y para dirigir el remake contrata a un veterano de la publicidad y del videoclip, a quien recomienda que mejore la comercialidad del asunto.

Michael Bay tiene un estilo reconocible. Quizá esa sea una de las razones por las que su obra llega al corazón de un amplio público y pone los pelos de punta a los amantes de la narración clásica (una minoría, qué le vamos a hacer).

Es muy incómodo opinar sobre películas así. Dolor y dinero es una comedia dirigida por Michael Bay, en la que Mark Wahlberg, Dwayne Johnson y Anthony Mackie encarnan a tres culturistas que deciden colmar sus ambiciones por la vía criminal. La cinta se basa en la serie de artículos que Pete Collins publicó en el Miami New Times, y ahí es donde saltan las primeras alarmas: ¿una comedia inspirada en detalles de la sección de sucesos? ¿Una amable humorada cuyos protagonistas, en la vida real, fueron juzgados por secuestro, extorsión, tortura y asesinato?


El pasado 18 de mayo, el realizador Michael Bay mostró quince minutos de metraje de Transformers: El Lado Oscuro de la Luna en los Estudios Paramount. El acto, auspiciado por The Hollywood Reporter, formó parte de un apasionante debate de Bay con el cineasta James Cameron acerca del porvenir que espera al cine en 3D.



No hay superproducción sin despliegue de medios. Bien lo sabía Michael Bay cuando rodó Transformers y Transformers: La venganza de los caídos. Ahora llega la tercera parte de la saga, con más acción, con más efectos visuales y con el apoyo de un recurso idóneo en este caso. Me refiero, obviamente, a las 3D. En toda esa faceta técnica, la película es un prodigio asombroso. Por desgracia para el espectador, si nos fijamos en su aspecto puramente narrativo o artístico, Transformers: El Lado Oscuro de la Luna es una calamidad que no tiene perdón de Dios.



Transformers (2007) es uno de esos ejercicios de entretenimiento donde el ritmo crece y crece con un encanto especial. No conviene olvidar que, en su trastienda, se dieron la mano tipos que saben mucho del espectáculo, empezando por Spielberg y Michael Bay y terminando por otro productor al que no conviene perder de vista, Lorenzo di Bonaventura.

"Transformers" (Michael Bay, 2007)



“He sido un auténtico fan de Transformers desde que salieron al mercado”, dice el productor ejecutivo Steven Spielberg. “No me refiero a comprar los juguetes para mis hijos, sino a leer los cómics y comprar los muñecos para mí. Los compartía con mis hijos, pero yo era el más entusiasmado. Los coleccionaba y siempre pensé que la gama de juguetes Hasbro acabaría transformándose en una gran película de verano”.



Cuando Alfred Gough, Miles Millar y Marti Noxon convirtieron en guión la novela del mismo título, tenían claro que este es uno de esos productos que no están destinados a los críticos ni a los cinéfilos, sino a un auditorio juvenil que desea ver, no necesariamente por este orden: amores difíciles, fuegos artificiales a base de CGI, monstruos que obligan a respirar hondo, y adolescentes guapos que parecen ser y acaban siendo de otro planeta.



La matanza de Texas: El origen es una producción de Platinum Dunes fruto de la colaboración de Michael Bay, Andrew Form y Brad Fuller.

"La isla" (Michael Bay, 2005)



Cuando los realizadores se embarcaron en el proyecto de “La isla” puede que hubieran pensado que estaban creando una película de ciencia ficción futurista sobre la clonación humana que rayaba en lo imposible.