graciasportadadefesq

A mediados del siglo XVIII, Antonio de Ulloa poseía ya un más que sobresaliente bagaje científico: había formado parte junto con Jorge Juan de la expedición geodésica franco–española (1735– 1746) que, dirigida por La Condamine, tenía como objetivo efectuar la medición de un grado del meridiano terrestre en el ecuador y determinar así la forma de la Tierra.

Montado sobre una peana de madera con formato rectangular y cubierta por una vitrina de cristal con junquillo de madera, llegó al Museo Nacional de Ciencias Naturales un ejemplar de oso hormiguero gigante, Myrmecophaga tridactyla (Linnaeus, 1758), que el equipo de conservadores se encargó de restaurar.

Domingo Badía y Simón de Rojas fueron los protagonistas del viaje, mitad científico mitad político, que originó una colección que aunaba ejemplares de los tres reinos de la naturaleza del sur de la Península Ibérica, Francia, el Mar Rojo, Filipinas o América. Hoy en el Museo Nacional de Ciencias Naturales siguen la pista de los moluscos de esta colección que un tal Alí Bey depositó en el Real Gabinete.

Carlos III y la ciencia

En la transición del siglo XVII al XVIII hubo en España un movimiento de renovación cultural que introdujo en nuestro país aspectos fundamentales del pensamiento filosófico y científico que se había ido extendiendo por los principales países de Europa. Sus protagonistas fueron llamados “novatores” de forma despectiva por quienes seguían apegados al tradicionalismo más rancio.

Sin Pedro Franco Dávila el Museo Nacional de Ciencias Naturales no existiría y el devenir de las ciencias naturales en nuestro país habría sido muy diferente. Os presentamos una breve biografía que esperamos que os anime a ahondar en la importante labor que desempeñó este naturalista.

Casi todos recordamos una visita infantil al Museo Nacional de Ciencias Naturales. Al fin y al cabo tener un esqueleto de ballena sobre tu cabeza mientras contemplas la grandiosidad de un elefante africano u observar el tamaño real de los esqueletos de dinosaurios no es fácil de olvidar.

El largometraje Océanos, una cinta que han visto más de 12 millones de personas en 40 países y que ganó el premio César al mejor documental en 2011, amplía su impacto divulgativo a través de una de una ambiciosa exposición itinerante, cuyo paso por distintas capitales del mundo demuestra lo necesario que es descubrir esa prodigiosa biodiversidad que prospera bajo la superficie del mar.

La Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas y las manos de Juan Cabré Aguiló y Francisco Benítez Mellado nos permiten disfrutar hoy lo que difícilmente en su conjunto puede ser observado en la naturaleza. Estas copias fueron realizadas para el Museo Nacional de Ciencias Naturales hace ahora algo más de cien años en un momento poco favorable para la ciencia española.

José Clavijo y Fajardo vivió en una España en la que se promovían las ciencias y la cultura. Fue periodista, naturalista, defensor y divulgador de la ciencia y durante mucho tiempo fue vicedirector del Real Gabinete de Historia Natural, que es como en su época se llamaba el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Pero no fueron estos méritos los que le convirtieron en un personaje famoso, protagonista de numerosas obras de teatro de proyección internacional. ¿Cuál fue la historia que inspiró a Goethe y a Beaumarchais entre otros?

Cuando intentas encontrar una relación entre las colecciones de ciencias naturales y el arte es posible quedarse en blanco en un primer momento. Tras meditar la cuestión por unos instantes, podemos llegar a la conclusión de que sí hay una conexión pues los especímenes de las colecciones han inspirado y se han plasmado en la obra de numerosos artistas y el arte ha ayudado a divulgar el contenido de éstas y a promover el interés por la investigación.