Trestesauros500

"Pulp Fiction" (Quentin Tarantino, 1994)

El fenómeno se llamó Pulp Fiction, e impactó en los cines en 1994. "Quedamos boquiabiertos –dice el realizador Kevin Smith–, convencidos de que habíamos visto algo genial. Pulp Fiction era genial sin ningún esfuerzo, una película que había que ver y recomendar a la gente; al verla, te sentías parte de algo".

Pese a la mutación perpetua del séptimo arte, hay cosas que se resisten a cambiar. Quizá por ello, los litigios en torno a Quentin Tarantino se saldan con la evidencia de que ha forjado un estilo propio. Hay algo orgánicamente trabado en toda la producción tarantinesca. Algo que sigue su camino al margen de las modas, y que convierte su emulación de otros cineastas en genial idiosincrasia. De ahí que nadie deba llevarse a engaño al sentarse a ver Los odiosos ocho, algo así como una nave nodriza del tarantinismo, con todos los aciertos, tics y gritos de guerra de este formidable cineasta.

Vida y milagros de Quentin Tarantino

Para hablar de los 90 es obligatorio citar ejemplos como La Macarena, Sharon Stone, las televisiones privadas, Monica Lewinski, Ray Loriga, el grunge o el bakalao. Simplezas como éstas son las obligadas referencias culturales de una década en la que la imaginación, creatividad y diversión de los tiempos anteriores fueron reemplazadas por una resaca de aburrimiento, puritanismo y lastimosos pseudo-artistas con pretensiones transcendentales.

La mayoría de los spaghetti-westerns siguen el modelo de Por un puñado de dólares (Sergio Leone, 1964), la película que inauguró el subgénero y que es, a su vez, el remake de una de las mejores cintas de samurais de todos los tiempos, Yojimbo (Akira Kurosawa, 1961).

A mediados de la década de los 90, Tarantino sufrió la tragedia de convertirse en el chico de moda a raíz del éxito de Pulp Fiction. De golpe, los modernos del lugar le encumbraron como genio, entusiastas universitarios nos torturaron con cortometrajes en los que unos tipos armados soltaban diálogos supuestamente ingeniosos antes de dispararse entre sí (todo aderezado con mucho “jodido”, “tío” y un dudoso conocimiento del mundo de hampa-drogas) y cualquier película en la que aparecía un arma de fuego era comparada con el cine de Tarantino. Incluso los lumbreras de El País de las Tentaciones, con el buen criterio que les caracteriza, llegaron a escribir un artículo sobre Takeshi Kitano denominándole, en mayúsculas y en portada, “el Tarantino japonés”.

Tarantino ha preparado su película en una coctelera a la que ha echado, en este orden, una pizca de spaghetti western –en menor medida de lo que algunos indican–, una buena dosis del cine de vaqueros clásico, todo el vigor de la blaxplotaition y –atención al dato– clarísimas referencias a las aventuras del Oeste ideadas por el alemán Karl May.

Django desencadenado es un viaje largo –165 minutos– pero divertido y apasionante, tanto desde el punto de vista cinéfilo como desde la perspectiva del espectador que quiere sólo disfrutar de lo lindo frente a la gran pantalla. Todos los ingredientes del cine de Tarantino, incluso los más imprudentes, tienen su lugar en este western de altos vuelos: una severa dosis de aventura, romanticismo, violencia, comedia y realismo sucio.

Crítica de “Red State” (2012)



A todos nos cae bien Kevin Smith. No sólo es simpático y ocurrente. También conoce a fondo nuestros placeres culpables –el cómic, la serie B–, y además nos encantan sus conferencias en universidades y cine-forums. Sin embargo, pese al acierto de su primer film, Clerks (1994), el resto de su carrera cinematográfica ha sido cada vez más decepcionante, y dudo que dentro de veinte años se le recuerde como un director a rescatar. Su última película hasta la fecha, Red State, confirma esa decadencia.

"Hobo with a Shotgun" (2011)

Rutger Hauer protagoniza este thriller ultraviolento homenajea el cine de tiros y saldo de los años 70 y 80. Esta película canadiense tiene su génesis en un "falso trailer" ganador de un concurso promocional de Grindhouse (2007), la doble sesión dirigida por Quentin Tarantino y Robert Rodríguez.



Un rapero (Robert Fitzgerald Diggs, conocido como RZA), una estrella australiana (Russell Crowe) y un cineasta especializado en survival horror (Eli Roth). Sabes que tienes que olvidarte de tus prejuicios cuando tres personajes así se unen para rodar una película de artes marciales.