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"El sexo y el espanto", de Pascal Quignard

 
El sexo y el espanto, Pascal Quignard. Traducción de Ana Becciu. Minúscula, Barcelona, 2005, 240 pp.

"Quo Vadis?", de Henryk Sienkiewicz

Muchos críticos y lectores han querido ver en Quo Vadis? una metáfora política de la Polonia en que vivió su autor, Henryk Sienkiewicz (1846–1916), sojuzgada por el imperialismo de Rusia (que sería la Roma Imperial) y su Zar (doble histórico del César Nerón), equiparando así a los polacos de entonces, que se habían levantado contra la ocupación rusa, con los primeros cristianos perseguidos por Roma.

Primera parte de una trilogía que ha vendido un millón de ejemplares y ha sido traducida a dieciséis idiomas, El águila de la Novena Legión es la obra más conocida de Rosemary Sutcliff. Esta novela ha sido adaptada al cine en La Legión del Águila, de Kevin Macdonald.

"Centurión", de Simon Scarrow

En esta nueva aventura de Macro y Quinto Licinio Cato, Simon Scarrow nos deleita con una estupenda novela sobre la durísima vida de las legiones en el desierto.

Marco Aurelio, el emperador filósofo que dirigió el Imperio Romano entre los años 161 y 180 d.C., es uno de los personajes mejor documentados de la Antigüedad.

La escena no cambia. El ceremonial, hasta hoy, permanece en nuestra imaginación con la fuerza de un mito: los legionarios dispuestos en triplex acies, o triple orden de batalla, mientras empiezan a oírse los gritos de los adversarios, poco antes de que la sangre y la furia dominen el escenario.

"Mundo Antiguo", de Jerry Toner

No es fácil convencer al lector moderno de que la idealización del pasado tiene vacuna. Por ejemplo, lo que le da fuerza a la versión popular del mundo grecolatino es, de forma justificada, esa imagen solemne, grandilocuente y legendaria que nos brindan el cine y cierta novela histórica. Frente a esa simplificación, es muy saludable leer un libro tan ameno e informativo como el de Jerry Toner, un verdadero modelo de divulgación y repleto de datos que contarrestan los viejos clichés sobre el mundo antiguo.

"La guerra de las Galias", de Julio César

Los clásicos... Quién puede negarse a leerlos. Me imagino que si les hablo de una edición bilingüe de los comentarios sobre la Guerra de las Galias, ustedes tendrán que recordar su trayectoria escolar. Quizá una de las muchas líneas que dividen el mundo sea ésta que separa a quienes hojearon ‒o siguen hojeando‒ De bello Gallico con el diccionario de latín sobre la mesa, y quienes han oído hablar de dicha obra pero no han sentido aún el impulso o la obligación de adentrarse en ella.

Al señalar en el mapa ‒un mapa histórico, se entiende‒ los territorios que constituyeron el Imperio de los Césares, surge una certeza. Se trata del convencimiento de que Roma alcanzó su apogeo con una maquinaria militar, cultural y burocrática perfectamente engrasada.

Aunque en los años más recientes amar la cultura grecolatina se considera un síntoma de elitismo, conviene rechazar ese prejuicio. Tengámoslo claro: con el estudio de los clásicos sobrevienen la sorpresa y la iluminación, el placer y el encantamiento. Así lo creían nuestros antepasados y así hemos de creerlo en esta época de píxeles, memes y modas pasajeras.