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Teniendo en cuenta que en su emisión televisiva original de los sesenta (1966–1969), Star Trek registró unas cifras de audiencia mediocres, resulta notable que el paso del tiempo la haya convertido en una de las franquicias más populares y lucrativas de la historia.

Mildred Hayes, el personaje maravillosamente interpretado por Frances McDormand, camina sobre las olas del odio y del dolor con la misma dignidad y sutileza que lo hacía el William Munny de Sin perdón (1992). A su manera, es una heroína de western, pero el guionista y realizador Martin McDonagh ha sabido ubicarla en una trama en la cual se entremezclan la comedia negra, el thriller y el drama sureño.

No es difícil lograr que el público se aterrorice ante la visión de un loco que tortura y mata a algún desgraciado. O causar pesadillas mostrando a una dulce niña poseída por un demonio que la transforma en un monstruo. Lo que sí es difícil es conseguir que mucha, MUCHA gente adquiera una fobia nueva y absurda a la “niebla” de la televisión sintonizada en un canal sin señal.



Roy (Nicolas Cage) y a Frank (Sam Rockwell) son una pareja de profesionales del timo de poca monta. Timadores. Estafadores. Embaucadores. Elijan el nombre que quieran.



Cuando el escritor/director Andrew Dominik leyó la novela de Ron Hansen, El Asesinato de Jesse James por el Cobarde Robert Ford, quedó intrigado por algunas de las mismas preguntas que provocaron los años de investigación de Hansen sobre los anteriormente inexplorados rincones de la vida de Jesse James y las interioridades de la vida privada del hombre detrás de su imagen pública.