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La fama de Hawking

Quizá la mayor sorpresa que dejó la muerte del cosmólogo inglés Stephen Hawking el 14 de marzo de 2018 (la noche del martes 13, para quienes vivimos en América), es constatar el tamaño descomunal de su fama. 
Sabíamos que era, sin la menor duda, el científico más famoso del mundo. Pero, a pesar de ello, era sólo un científico: dudo que mucha gente hubiera podido prever que su muerte haría que se pararan las prensas, que se saturaran las redes sociales, que las redacciones de todos los periódicos y noticiarios se dedicaran desesperadamente a buscar opiniones autorizadas sobre su vida y obra, que las primeras planas de todos los diarios le dedicaran al menos un espacio. 

En honor de Stephen Hawking

Carezco de toda autoridad para decir algo sobre Hawking como científico. Tampoco me atrae glosar su biografía, con orillos de inverosímil, un dechado de triunfo inteligente sobre la fatalidad material. Pero he leído un par de libros suyos y los he disfrutado desde el panel de inquietudes y problemas filosóficos que hacen a la condición humana como la imaginó siempre él, como condición cósmica.

Stephen William Hawking nació justo 300 años después de la muerte de Galileo: el 8 de enero de 1942 en Oxford, Inglaterra, y nos dejó en su casa de Cambridge, el 14 de marzo de 2018, el día que los matemáticos celebran el Día de Pi (3,14).

A pesar de haber cumplido los 85, su espíritu provocador e independiente se mantienen intactos. Solo Roger Penrose, ganador, entre otros, del Premio Wolf de Física junto a Stephen Hawking en 1988 y autor de libros como La nueva mente del emperador, Los ciclos del tiempo y El camino de la realidad, es capaz de recurrir a tres conceptos como la moda, la fe ciega y la pura fantasía para explicar la teoría de cuerdas, la mecánica cuántica y la cosmología.

La teoría de todo

Stephen Hawking (1942-2018) fue, sin duda el científico vivo más famoso de nuestra época. Apareció incluso en programas televisivos de ficción y cómicos como Los SimpsonViaje a las estrellas: la nueva generación y La teoría del big bang. Fue, también sin duda, una de las grandes mentes en la historia de la ciencia.

 “El universo tiene un diseño, y un libro también”, afirman Stephen Hawking (1942-2018) y Leonard Mlodinow (1954) en los agradecimientos de su libro The Grand Design (2010, Bantam Books).

¿Hay un reconstituyente más poderoso para el espíritu que las clásicas historias de superación? Hace unos años, en las páginas de The Observer, Jane Wilde Hawking expresaba la opinión que le merecía el biopic Hawking (2004), rodado por la BBC. A propósito de este retrato de su vida junto al científico Stephen Hawking, ella comentó lo siguiente: "Esto es lo que debería ser lo más importante del film. La idea de que, pese a las circunstancias, todo iba a ser posible. Que Stephen desarrollaría su labor como físico y que íbamos a formar juntos una familia maravillosa, tener una bonita casa y vivir felices para siempre".

Hacia un nuevo humanismo

Un científico y un intelectual conversan en una reunión social. Tras algunos formalismos y preguntas de cortesía, se despiden amablemente; uno y otro han descubierto que se aburren el otro con el uno. El intelectual se sorprende, con cierta satisfacción y aire de superioridad, de que el científico no haya leído a ninguno de los autores que le ha citado y que son fundamentales para un espíritu elevado; el científico, por su parte, lamenta la capacidad de los humanos para perder el tiempo sin ni siquiera interesarse por las cuestiones más elementales que mantienen el mundo en movimiento, lo que equivale a no conocer la propia casa en que viven.