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No hace falta que nos vayamos a 1927 para encontrar los principales referentes de este cómic. No obstante, algo de eso hay, porque entre sus pequeñas recompensas figura una alusión a London after Midnight, aquella mítica película de Lon Chaney, rodada ese año y perdida en las brumas del tiempo.

La estética de Bernie Wrightson nos ha acostumbrado desde hace décadas a apreciar la dimensión artística del cómic de horror. No en vano, a Wrightson le debemos delirios góticos de extraordinaria belleza, tan minuciosos como un grabado del XIX y con ese punto de elegancia que surge cuando un creador ‒en este caso, uno de los grandes‒ evita los elementos prefabricados y deja fluir su talento con una perspectiva clásica.