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Las tasas de mortalidad, las de pobreza, las de analfabetismo, las de desnutrición, las de violencia… Si bien el mundo en el que vivimos no es ni mucho menos perfecto, es difícilmente discutible que el progreso existe y cada vez es un mundo mejor. Entonces, ¿por qué hay tanto pesimista que sigue viéndolo todo negro allí donde cada vez hay más grises y blancos?

Se suele repetir que vivimos en el peor de los mundos posibles. Dicen que giran sobre nosotros los días y las noches de la violencia, el hambre y la ignorancia. Como si bruscamente nos hubiéramos acercado al abismo, o como si el destino nos hubiese atropellado de golpe.

Es un juego que aparece mucho en los libros de lingüística.

¿Vivimos en tiempos violentos?

Mucha gente podría encontrar en las palabras de Hobbes una nítida descripción de la vida moderna. En las noticias diarias se ha vuelto ya una costumbre leer o escuchar terroríficas narraciones de actos de guerra, ataques terroristas, brutales asesinatos masivos o de sociedades enteras que viven en el terror y la incertidumbre. Las impactantes imágenes de los últimos minutos de la vida de Muamar El Gadafi son solamente el más reciente ejemplo de la presencia continua de la violencia en los medios masivos de comunicación, y por tanto, en nuestras vidas. En la televisión, los programas sobre asesinos en serie, laboratorios forenses y sobre los crímenes más atroces gozan de un altísimo rating. En la vida real, en México los noticieros presentan cada día el recuento de los cadáveres que las bandas del crimen organizado abandonan sin el menor pudor en las calles, haciendo que la población sienta que su vida es cada vez más parecida a la del estado de la naturaleza de Hobbes: solitaria, miserable, cruel, brutal y corta.