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Juan Antonio Bayona como realizador, Eugenio Mira como director de la segunda unidad, Bernat Vilaplana en la sala de montaje y Óscar Faura como director de fotografía. Ahí tienen cuatro razones que explican la calidad de esta superproducción, una cinta de aventuras en la que los detalles previsibles se alternan con una sucesión de aciertos más que sorprendente en una secuela.

Lo ha dicho uno desde hace mucho: cuando el talento se pone al servicio del cine comercial, el público está de enhorabuena. Obviamente, la saga de Los Juegos del Hambre es un fenómeno fundamentalmente juvenil, pero lo cierto es que esta película –la segunda entrega del ciclo inspirado en las novelas de Suzanne Collins– encierra bastantes más valores de los que parece.

Qué cosas. Te pasas la vida evitando situar el terror giallo en la estantería de la cultura elitista, y llega el director Peter Strickland con una película de autor –arte y ensayo puro y duro– que utiliza los recursos de Dario Argento, Lucio Fulci, Sergio Martino, Umberto Lenzi y compañía para regalarnos un thriller denso y cerebral, sin una sola concesión popular.



Las aventuras de espada y brujería han parecido tener un tímido resurgimiento tras el éxito de la trilogía El Señor de los Anillos. La parodia y la sátira de este subgénero es la base de este film, titulado originalmente Your Highness, dirigido por el especialista en cine cannábico David Gordon Green.