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Desaparecieron de la faz de la tierra hace unos sesenta y cinco millones de años pero todavía hoy no se sabe todo de los dinosaurios sino todo lo contrario. Es habitual que cada año se den nuevos hallazgos e incluso que los descubrimientos sean cada vez más sorprendentes.

Este comentario de un lector tiene tan solo unos días. Se refería al reciente descubrimiento de un trozo de cola de dinosaurio no aviano (es decir, los que no son aves) cubierto de plumas y conservado tridimensionalmente en una pieza de ámbar de Birmania.

Son solo unas huellas grabadas hace millones de años en lo que entonces sería barro pero hoy es dura roca, en Sudáfrica. Ni siquiera son unas huellas muy complejas: tres líneas que convergen en un ángulo cerrado, como las que dejaría un pájaro sobre la arena húmeda de la playa.

Suicidios, humillaciones, fraudes, sabotajes y chantajes. Los investigadores han recurrido a todo tipo de mañas y mentiras para obtener el reconocimiento de sus colegas. La presión ha llevado a biólogos, paleontólogos y físicos a anteponer las malas prácticas por el supuesto bien del conocimiento.

Es uno de los carnívoros más grandes que ha poblado la Tierra, los machos podían llegar a pesar una tonelada antes de la hibernación. Compartió un ancestro común con el oso pardo y sobrevivió hasta la última "edad de hielo". El papel del cambio climático y de la presión humana en su extinción sigue motivando un intenso debate entre los paleontólogos. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) exhibe un macho adulto y una cría procedentes de Rusia.

A finales de 2017 la paleoantropóloga María Martinón Torres (Ourense, 1974) tomaba posesión como nueva directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH). Su antecesor, Alfredo González Torres, declaraba un año antes la evidente brecha de género que existía en esta institución, ya que tan solo el 22% del personal investigador eran mujeres.

En abril de 2018 se cumplen sesenta años del hallazgo de los restos fósiles del elefante Elephas antiquus en Villaverde (Madrid). Su descubrimiento tuvo gran repercusión en la prensa e incluso apareció en televisión. El célebre paleontólogo Emiliano Aguirre se encargó del estudio y montaje del esqueleto, que se realizó con los restos fósiles de al menos dos individuos. Desde su instalación en 1961, es una de las piezas más admiradas del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC).

Los ammonites son un grupo de animales fósiles de gran importancia en Paleontología. Los primeros representantes del grupo aparecieron hace unos 400 millones de años durante el Devónico y se extinguieron durante la gran crisis que marca el final del periodo Cretácico, hace 65 millones de años. Durante este gran lapso de tiempo experimentaron una rápida evolución de formas, muchas de las cuales tuvieron una gran distribución en los mares de su época.

Cuando excavamos un yacimiento paleontológico, abrimos la caja de un puzle en la que es frecuente que nos falten muchas piezas. Sólo en ocasiones muy excepcionales podemos contar con un número suficiente de ellas para que esa imagen sea nítida y completa. Este es el caso del Sistema de yacimientos del Cerro de los Batallones (Torrejón de Velasco, Madrid), donde se han hallado numerosas e importantes piezas que encajan perfectamente y que nos han permitido despejar muchas dudas sobre la fauna que vivió durante el periodo Mioceno en Madrid.

Basada en la novela homónima de Arthur Conan Doyle (1912), es difícil estimar el efecto que esta su primera adaptación cinematográfica tuvo en el momento de su estreno. Hoy los críticos no le prestan demasiada atención, pero es muy posible que los efectos visuales de Willis O'Brien causaran un gran impacto en el público porque nunca antes se había visto nada semejante en pantalla. Se dice que el propio Conan Doyle mostró alguna escena de los dinosaurios a varias personas diciéndoles que eran auténticos. Le creyeron.