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Viajes a la ausencia

El periodista francés Rolin decidió, en 1999, ocuparse de cinco escritores nacidos cien años antes y que, por decisión de la Historia o el azar él consideraba definitorios del siglo XX: Ernest Hemingway, Vladimir Nabokov, Jorge Luis Borges, Henri Michaux y Yasunari Kawabata.

Contra el narrador omnisciente

En las novelas con un narrador en primera persona, aunque sepamos que se trata de alguien que nos está contando una historia tal como él la ve, tendemos a pensar que podemos fiarnos de sus palabras. Podemos estar de acuerdo o en desacuerdo con lo que este narrador nos dice, pero no solemos pensar en que nos mienta deliberadamente, o que cuente las cosas, los actos concretos, de manera diferente a como sucedieron. Y mucho menos se nos ocurre pensar que no piensa lo que dice que piensa. Esta confianza, que no tiene razón de ser desde un punto de vista lógico, ha sido aprovechada por algunos autores para dar una vuelta de tuerca a una narración. Creo que eso sucede en El doble de Dostoievsky, aunque no lo recuerdo bien, y sin duda en alguna de las novelas de Nabokov, quizá en Pnin, quizá en Desesperación: de pronto, llegados a una página determinada, nos damos cuenta de que el narrador en el que confiábamos nos ha mentido, está loco, no es de fiar. Esto es muy interesante.

Nabokov, cuentista

Rememora Nabokov un sueño recurrente de su infancia donde era capaz de ver un paisaje de espaldas, cuando normalmente se lo ve de cara. Ha conseguido escribirlo y concluye que tal sueño ya no es suyo, que se ha vuelto ajeno y común, compartido.

El duelo de honor. De Casanova a Borges

Lo sabemos gracias a Borges y a otros grandes antólogos. Una buena selección de relatos confiere a estos una nueva profundidad, como si el nuevo contexto generase valores inesperados en cada pieza. Gracias a ello, admiramos la policromía de ese nuevo repertorio, sobre todo cuando el orden se instaura sin forcejeos, con naturalidad, atendiendo al aire de familia que las obras comparten.