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A los 30 años recibió en Múnich uno de los más prestigiosos premios internacionales de Taxonomía [el R.J.H. Hintelmann Scientific Award for Zoological Systematics, en 2008]. Investigador contratado del Departamento de Biodiversidad y Biología Evolutiva del Museo Nacional de Ciencias Naturales [entre 2007 y 2008, antes de realizar sus investigaciones en el Centro de Biología Evolutiva de la Universidad de Uppsala, entre 2008 y 2010, y en el Departamento de Herpetología del Museo Americano de Historia Natural, a partir de 2010], José Manuel Padial, reflexiona sobre una de las disciplinas científicas más antiguas.

En la selva amazónica, entre Bolivia, Perú y Brasil habitaba una especie de rana arborícola que los científicos pensaban haber identificado correctamente. Sin embargo, Dendropsophus kubricki ‒como la renombraron a principios de 2018 en honor al director de cine estadounidense Stanley Kubrick y su obra maestra realizada en 1971, La naranja mecánica‒ no pertenecía a la especie que creían.

Aunque tal vez se pueda tener la impresión de que instituciones como el Museo Nacional de Ciencias Naturales hace tiempo que abandonaron las expediciones científicas a lugares remotos –una actividad que mucha gente entiende como parte de la quintaesencia de tales instituciones–, afortunadamente esto no es así.

Desde los tiempos de la conquista y los descubrimientos, los reinos tropicales siempre han estado avocados a los cambios, la destrucción y la fragmentación. Hay especies que ya desaparecieron, otras que hoy vemos desaparecer, y otras cuyo reencuentro constituye un hito inexplicable.

Cómo no sentir la tentación de afirmar que solo hay dos días en el trópico: cuando llueve y cuando está soleado. En ambos casos, el efecto es semejante. Es fácil terminar cubiertos de sudor en las jornadas de sol y calados en las de tormenta.

¿Te gusta pasear por un bosque las noches de lluvia? ¿Sueles asomarte a los pilones y abrevaderos de los pueblos que visitas? ¿Te entretienes en mirar bajo los troncos caídos y piedras cuando paseas por el campo? Si es así, seguro que más de una vez te has encontrado, junto a otros muchos animales fascinantes, con alguna salamandra.

Es posible que nunca hayas oído hablar de ellas pero las cecilias son unos anfibios tan fascinantes como desconocidos. ‘Saborean’ su entorno, no ven en color pero son capaces de detectar cantidades ínfimas de luz y, para sacar adelante a sus crías, llegan a alimentarlas con su piel.

"En el año de 1245, según la cronología del abate Clavijero, llegaron (los aztecas) a Chapultepec […] se refugiaron los aztecas para conservar su independencia en un grupo de islotes llamados Acocolco, situado en el extremo meridional del lago de Texcoco. Allí vivieron por espacio de medio siglo en espantosa miseria, precisados a alimentarse de raíces de plantas acuáticas, insectos y de un reptil problemático llamado axolotl que el señor Cuvier mira como el hijuelo de una salamandra desconocida" (Alexander Von Humboldt)