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Cuando su esposo falleció, la antropóloga Long Litt Woon vivió una etapa de duelo que, por esos azares que tiene el destino, se fue calmando a través de una afición recién descubierta: la micología.

Quiere la literatura ‒la moderna más que la antigua‒ que el ensayo, la memoria personal y la ficción se combinen. Esa indeterminación de géneros ha dado lugar a un mestizaje conceptual extraordinariamente grato, al que también se acoge este libro de Long Litt Woon.

Los árboles seguramente sean uno de los elementos de la naturaleza que más nos atraen y, además del disfrute estético que supone contemplarlos cuando paseamos por un bosque, nos pueden dar mucha información sobre cómo ha sido su vida y sobre las condiciones ambientales del territorio en el que se han desarrollado.

La filoxera y sus delitos

Las primeras vides afectadas lo fueron en Pujault (Gard, Francia) en 1863. La plaga siguió extendiéndose por ese país y algo más tarde por el resto de Europa. Cinco años después el botánico Jules-Émile Planchon identificó al culpable. Era un insecto diminuto (de entre 0,3 y 1,4 mm) cuyo nombre científico actual es Daktylosphaera vitifoliae, conocido vulgarmente como filoxera.

La caja para herborizar o vasculum era un elemento imprescindible en el equipo de los botánicos del siglo XIX. En concreto, ésta que conserva el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) tiene un gran valor histórico ya que es probable que fuera utilizada durante la Expedición Científica al Pacífico (1862-1865).

Las agallas son unas estructuras realmente fascinantes que sustentan complejas comunidades de artrópodos. Las especies inductoras de agallas, en su mayoría insectos, son capaces de manipular a la planta en su propio beneficio mediante la formación de estas estructuras vegetales que al tiempo que proporcionan alimento a la larva también la protegen de depredadores y parásitos.

Mil caras del abedul

En las culturas celta y romana, el abedul blanco (Betula pendula) era considerado como el árbol de la sabiduría. Sus habitantes utilizaban la corteza, perfectamente prensada, pulida y alisada, como papiro para escribir manuscritos. Con fines menos ortodoxos usaban los maestros sus flexibles ramas, con las que azotaban a los alumnos más revoltosos.

Pocos árboles como el eucalipto (Eucalyptus), de origen australiano, generan tanta polémica a su alrededor. Acusado de ser especie invasora, perjudicial para la conservación de la fauna y la flora y para la gestión de los recursos hídricos, ecologistas y científicos coinciden en que el problema no está en el árbol sino en las políticas de gestión forestal que se realizan.

El encinar es uno de los bosques más representativos de la Península Ibérica y da refugio a especies amenazadas, como el águila imperial ibérica y el lince ibérico. A pesar de su importancia, este ecosistema se está convirtiendo cada vez más en un hábitat modificado por el ser humano, hasta el punto de que en ocasiones ya no se considera a los encinares ‘bosques’ como tal.

Enraizados en la cultura rural tradicional española, las sabinas albares (Juniperus thurifera) han resistido el paso del tiempo y los cambios térmicos para ocupar en la actualidad amplias superficies de España. A pesar de haber sufrido los cambios estructurales del campo español a finales de los ’50 y la dificultad para regenerarse, los sabinares albares, relictos testimoniales de los bosques esteparios pre-glaciares, logran sobrevivir.