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La homogeneización de los árboles que se plantan provoca que los ecosistemas forestales no desarrollen todas sus funciones. Un equipo de científicos del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid trabajó en 206 fragmentos de diferentes bosques en 16 ecosistemas europeos para demostrar la importancia de conservar el paisaje y la biodiversidad de los bosques.

Hace un rato que la Cruz del Sur nos ha abandonado. Es la señal de entrada de la noche profunda. Acompañados solo por el sonido constante de la marea, recorremos kilómetros de playa en busca de tortugas que “desembarcan” para desovar.

En 2015, llegó a las pantallas Mañana, un documental codirigido por Cyril Dion y por la actriz Mélanie Laurent. La película, centrada en los protagonistas de ese cambio social que se enfrenta a los grandes retos de la educación, la economía y el medio ambiente, fue un éxito sin precedentes en Francia, y también logró una óptima carrera comercial en otros países europeos.

"Parar en seco", de William Ospina

Con el hombre de por medio, la situación del medio ambiente se mueve en un equilibrio frágil y los riesgos crecen. Y no hay forma de distinguir entre esas extinciones que tardaron milenios en verificarse y las que, de forma súbita, provoca nuestra especie con un desdén asombroso. La biodiversidad se convierte entonces en la meta de una carrera contra reloj: la que protagonizan, en paralelo, quienes desean salvar el planeta y quienes ignoran todo el daño que nuestra especie puede llegar a causar.

Sir David Attenborough es uno de esos divulgadores  que se asoman a la naturaleza como si ésta planteara un desafío intelectual o una forma de sabiduría. Es evidente su capacidad para describir las distintas formas de vida y la sutileza de sus interrelaciones, pero lo que más llama la atención es el modo en que Attenborough transforma todo eso en cultura y compromiso moral.

La orugueta del almendro (Aglaope infausta), como saben los agricultores, es una plaga del follaje y de los frutos jóvenes. Puede decirse, por tanto, que estamos ante una de esas criaturas cuya presencia no suele ser bien recibida. Sin embargo, lo que hoy me interesa destacar sobre este lepidóptero no es tanto su voracidad como su inesperada relación con el cambio climático.

A comienzos de 2015, cual Anno Salutis Humanae, los humanos terrícolas suspendieron la búsqueda de petróleo en las Islas Canarias. No fue porque la presión popular se incrementase en virtud de principios superiores al ‒como dicen en lengua vulgar‒ ándeme yo caliente, o porque algún tipo de bendición ultraterrena dibujase auras filoecológicas en plan Francisco de Asís entre los líderes comunales y profesionales de la cosa. Sencillamente, y de acuerdo con las formas de pensar a las que a esta especie de humanos suele limitar su poco trajinado sistema nervioso, no encontraron negocio.

"Cerca de la cumbre occidental se encuentra el cuerpo seco y congelado de leopardo. Nadie ha podido explicar lo que buscaba el leopardo a esa altitud" (Ernest Hemingway)

El tema del cambio climático es otro buen ejemplo de lo difícil que le resulta a la investigación científica llegar con sus datos contrastados y sin contaminación ideológica a una opinión pública que, por desgracia, no siempre suele apreciar ese papel de la ciencia a la hora de tomar sus decisiones.