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En el cuerpo de un avatar

Tecnologías de comunicación emergentes como la realidad virtual o los robots tele–operados tienden progresivamente a integrar el cuerpo humano en la interfaz. Esta simbiosis plantea una serie de retos apasionantes. Por ejemplo, ¿es capaz el ser humano de experimentar un cuerpo artificial como propio?, ¿dónde se localiza el sentido del yo en el transcurso de una experiencia de corporalidad mediada?, o ¿cómo afecta al comportamiento humano encarnarse temporalmente en un cuerpo artificial?

Mi vida como un ‘cíborg’

“Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad”. Atribuida a Albert Einstein, la frase condensa los recelos que rodean cada revolución tecnológica. Pero la especie humana no solo ha convivido siempre con la tecnología: le debe su propia condición de humanidad.

"La amenaza hacker", de Deepak Daswani

Aunque jamás se haya visitado la Internet Oscura, todo el mundo podría decir qué temores o qué clase de curiosidad inspira. En todo caso, no hace falta descender hasta esas honduras para comprender que la red es un territorio azaroso, en el que los peligros nunca son una casualidad.

La esencia del futuro es la automatización. Con ella se exalta este apogeo de los robots que ya anticiparon el cine y la literatura. Ustedes saben a qué me refiero: libros y películas que a veces nos hablan de un mañana prometedor, en el cual nos aliamos con las máquinas, y que otras veces describen un destino apocalíptico, en el que los autómatas dominan el mundo con palabras metálicas y armas invencibles.

De un tiempo a esta parte, los especialistas en predecir el mañana ‒los que lo hacen en serio, con claves científicas, y no mirando el horóscopo‒ cruzan apuestas. Los más atrevidos, publican sus pronósticos.

"Un mundo robot", de Javier Serrano

Lanzarse a escribir lo idílico o lo tenebroso que será el futuro se ha convertido ya en una costumbre. Fueron los escritores de ciencia-ficción los primeros que decidieron alimentar la idea de que, cada año que pasa, ese porvenir rupturista e innovador está un poco más cerca. Luego, con el impulso de las nuevas tecnologías, han sido los expertos en robótica e inteligencia artificial quienes nos han sugerido que quizá ‒o casi seguro‒ tengamos que resignarnos a ser actores de reparto en un espectáculo protagonizado por máquinas.

"Posverdad", de Lee McIntyre

Muchos de los problemas a los que hoy debemos enfrentarnos dependen de una compleja adaptación a la tecnología digital. Por ejemplo, es cierto que la posverdad ‒un eufemismo de lo que viene a ser la mentira a secas‒ prolifera gracias a las redes sociales. Sin embargo, sus efectos son, poco más o menos, los mismos que causaban las "falsas nuevas y nuevas mentirosas" denunciadas por nuestros antepasados en el siglo XVI.

De aquí a 2020 habrá en el mundo cerca de cinco mil millones de personas que usarán un smartphone o teléfono inteligente. Cada dispositivo se fabrica con numerosos metales preciosos, y muchas de sus principales funcionalidades no serían posibles sin ellos. Algunos de estos metales, como el oro, son de sobra conocidos, pero otros, como el terbio, nos suenan menos.

A medida que la inteligencia artificial va adueñándose del futuro, el desconcierto y las ilusiones se alternan en nuestras vidas. En cierto modo, es como si la ciencia-ficción se hubiera convertido en una promesa cumplida, a través de un despliegue casi infinito de posibilidades que hoy se hacen realidad.

Ya hemos visto en este espacio que el viaje en el tiempo no era una novedad en la ficción científica de comienzos del siglo XX, ya fuera al pasado o al futuro, y se realizara por medios tecnológicos, pseudocientíficos o místicos.