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Raymond Chandler vs. Phillip Marlowe

Una prosa elegante, sobria y con los adornos necesarios pero ni uno sólo más. Unos diálogos espectaculares y llenos de viveza. Unos personajes aparentando ser siempre lo que no son. Esas son las señas de identidad de uno de los mejores novelistas y escritores cinematográficos de la historia, Raymond Thornton Chandler (Chicago, Illinois, 1888- La Jolla, California, 1959).

El mundo del juego, el hampa a la que siempre estuvo ligado ese juego en los Estados Unidos, la delincuencia consustancial a los sindicatos del crimen que se vieron vinculados a ese lumpen social... Todo eso está mencionado en esta pequeña pero ambiciosa película producida por Columbia Pictures en el amanecer de la década de los años 50, cuando las historias noir de gente corriente inmersa en destinos trágicos y fatales habían cautivado a las audiencias y creado una corriente cinematográfica que todavía hoy da sus últimos y renovados estertores.

Ocurre hasta en las mejores familias. Ya se puede tener fama y trayectoria intachables, como el cuerpo de Policía de Los Angeles (LAPD), que el destino hace casi inevitable la aparición de ovejas negras que intentan contaminar el rebaño.

África. La pasión del cine norteamericano por el continente negro ha sido y es eterna, y se renueva en las diferentes generaciones y etapas cinematográficas. Con frecuencia el género que más ha visitado los escenarios de la sabana, el desierto y los Grandes Lagos ha sido el de aventuras, pero en acercamientos esporádicos también lo han hecho el cine romántico, el drama épico, el bélico… y el cine negro.

Hay muchos criminales que han pasado a formar parte del folklore urbano de nuestro tiempo. Edwin Alonzo Boyd (1914-2002) es uno de ellos, y como ahora veremos, sobran las razones para su presencia en el imaginario popular. Esa es la razón por la que este delincuente canadiense es el protagonista de Citizen Gangster, de Nathan Morlando, un recomendable drama inspirado en sus andanzas.

"Sed de mal": una historia de traición

Orson Welles fue un artista total. Su carrera se desenvuelve con un brillo extraordinario en medios tan diversos como el cine, el teatro y la radio. No hay que olvidar que tuvo la genialidad de convertir La guerra los mundos, de H.G. Wells, en una distorsión de la realidad que hizo que todo un país entrase en estado de pánico.

"Lemmy contra Alphaville" (1965)

Dirigida por Jean-Luc Godard y protagonizada por Eddie Constantine, Anna Karina y Akim Tamiroff, Alphaville es una cinta sagrada dentro de la mitología de los críticos de cine. Sin embargo, al revisarla uno siente que su premisa –introducir a un héroe pulp, el detective Lemy Caution, en una distopía de arte y ensayo– es una pedantería tan grande como una enciclopedia de semiología en diez tomos.

A diferencia de otros superagentes del viejo cine europeo, Lemmy Caution tenía un lado entrañable. Uno sentía que aquel tipo insolente, que fumaba con ansiedad y alzaba con elegancia la copa de whisky, podía ser duro como un estibador de muelle o entonar "C'est si bon" como si tal cosa. Esto último, obviamente, no estaba escrito en ningún guión, pero lo llevaba en su ADN el intérprete del personaje, el inefable Eddie Constantine, tan carismático como un héroe de tebeo y tan aficionado a la noche como un cantante de night-club.

Bajo la experta dirección de Bernard Borderier, la saga de Lemmy Caution llega a su tercera entrega. En esta oportunidad, Eddie Constantine vuelve a interpretar al icónico agente del FBI, acompañado por Nadia Gray, Dominique Wilms, Robert Berri, Jacques Castelot y Nicolas Vogel.

¿Agentes especiales? En la literatura popular los hay a decenas. El primero de todos ellos fue Nick Carter, el detective ideado por John R. Corryell y Ormond G. Smith a fines del XIX. El más famoso, sin duda, es James Bond. Pero hoy nos ocuparemos de otro miembro de esta cofradía, Lemmy Caution, creado por el escritor Peter Cheyney en 1936 en la novela This man is dangerous.