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Los habitantes del Panteón

El 3 de octubre de 2002 las cenizas de Alexandre Dumas (padre, o sea el padre de los tres mosqueteros, que tal vez sean cuatro) fueron transferidas al Panteón de París.

Al madrileño Pérez Lugín (1870-1926) le debemos la novela más popular de todas cuantas se ciñen al ambiente compostelano: La casa de la Troya (1915).

Vida y obra de Max Aub

Como si trazase un laberinto —el laberinto mágico de su obra—, esa admirable y dramática construcción que es la vida de Max Aub (París, 1903-México DF, 1972) acepta tres de los juegos más sórdidos del destino: el desarraigo infantil, la guerra y el destierro, sin reconocer siquiera en la fama literaria un consuelo suficiente.

Premios y castigos literarios

A menudo nos preguntamos cuál es la política de premios literarios en España, si acaso existe algo que pueda denominarse como tal política.

El texto drogado. Dos siglos de droga y literatura, Alberto Castoldi, traducción de Francisco Martín, Anaya y Mario Mucknik, Madrid, 1997, 280 págs.

Literatura europea del siglo XX. Corrientes, teoría, sistema y glosa. Juventino Caminero. Universidad de Deusto, Bilbao, 1992, 370 páginas

Los recuerdos del narrador



Cuando el escritor va a relatar su ficción siempre revela en ella un testimonio personal.

Cara a cara con Paul Auster

Sí, por supuesto, no era el único en busca de un scoop, pero nadie se siente obligado por las ambiciones de los demás. Al fin y al cabo, los modales de la clase periodística difieren notablemente de los del resto de la humanidad.

"Trabajos forzados", de Daria Galateria

Siempre habrá un lugar de honor en la evocación de autores como George Orwell, Bruce Chatwin, Jack London, Saint-Exupéry o Raymond Chandler. Sin embargo, más allá de sus glorias literarias –o a pesar de ellas–, y a la certidumbre de que sus nombres son carne de mitomanía, Daria Galateria se esmera en presentarlos como tipos esforzados, cuyo encaje profesional va de lo difícil a lo pintoresco, y cuya decisiva aportación literaria tuvo un precio personal más que elevado.

Al profano le parecerá que un relato, sea literario o cinematográfico, queda siempre bajo el control del narrador. La versión de Barney, de Mordecai Richler, y su adaptación al cine, El mundo según Barney, de Richard J. Lewis, dejan claro que los narradores también pueden padecer pérdidas irrecuperables de la memoria.