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La inserción social de las tecnologías de la comunicación ha venido acompañada de toda clase de expectativas, incluso de carácter fantástico o sobrenatural. En este trabajo se repasan dos de las fantasías que cuajaron con la llegada del telégrafo y de la radiofonía: la confianza en su poder para comunicarse con los muertos en una primera fase, y con seres extraterrestres posteriormente. Se pretende con ello contribuir a una historia de la comunicación atenta a los fenómenos creados en la interacción de los imaginarios culturales y la innovación técnica.

Los dos personajes principales de esta historia no están, aunque se les espera. Son dos fantasmas. Se les espera con vehemencia. Con ello quiero decir que la base de las creencias espiritistas se relaciona con el deseo de entrar en contacto con seres desaparecidos.

La siguiente afirmación se ha repetido durante mucho tiempo en voz baja. Los fenómenos de transmisión del pensamiento fueron introducidos en el mundo del espectáculo de la mano de uno de los más grandes magos de todos los tiempos: Robert-Houdin.

Aunque de formación científica (estudió y ejerció como médico), Sir Arthur Conan Doyle manifestó un creciente interés por el espiritismo y las comunicaciones con el Más Allá.