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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: Madrid, España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Hay muchas maneras de identificar a una especie en peligro, pero sólo una de certificar su extinción. Sin embargo, gracias a los avances en la genética y la biotecnología, resulta cada vez más fácil abandonar la idea de que una criatura desaparecida es verdaderamente irrecuperable.

La evolución por medio de la selección natural –la gran idea de Darwin– es la columna vertebral de la biología, y una de las más poderosas ideas producidas por la mente humana. Y sin embargo, es también una de las peor entendidas por la mayoría de la gente.

Los genes egoístas

En 1976, Richard Dawkins publicó El gen egoísta. Sin salirse de los márgenes de la teoría de la evolución que Charles Darwin había presentado al mundo más de un siglo antes, Dawkins proponía que la selección natural no actuaba sobre las especies ni sobre los individuos, sino sobre los genes.

Suena como el argumento de una película hollywoodense de ciencia ficción. Una especie exótica está muriendo. Su única esperanza es que una remesa de óvulos fertilizados artificialmente, creados a partir del ADN procedente de algunos de los últimos supervivientes de su linaje, sean revividos en un mundo futuro en el que (con suerte) las condiciones sean más adecuados para este animal.

"El hombre de Neandertal", de Svante Pääbo

No estaba escrito que un neandertal pudiese revelarnos sus secretos más íntimos, pero Svante Pääbo tuvo la fortuna, o la inteligencia, de acceder a la entraña más recóndita de esa especie humana. En 2010, al frente de su equipo del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, Pääbo nos desveló ese enigma, resuelto gracias a la secuenciación del genoma del hombre de Neandertal.

Imagen superior: fotografía del genetista y biólogo molecular Francisco J. Ayala, galardonado con el premio Templeton © John Templeton Foundation.

El tema de las razas humanas siempre levanta polémica. Y resurge periódicamente.

Elogio del ribosoma

El microscopio compuesto se inventó alrededor de 1590. En 1665, el inglés Robert Hooke descubrió las células. En 1676, el holandés Anton Van Leeuwenhoek descubrió los microorganismos. Para 1838, estaba claro que todos los seres vivos están formados por una o varias células.

¿Vida artificial?

Entender la vida siempre ha sido complicado. Es claro que hay cosas que están vivas (plantas, animales) y otras que no lo están (una piedra). ¿En qué consiste la diferencia?

Gran parte de lo que somos los seres vivos está determinado por nuestros genes, como se comentó en este espacio el mes pasado. Y sin embargo, hay que matizar. Como todo en esta vida, la respuesta a la pregunta de qué determina nuestra naturaleza no es de un tono absolutamente negro o blanco, sino que cae en alguno de los infinitos matices del gris.