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"El retorno del Buda", de Gaito Gazdánov

En las primeras páginas de El retorno del Buda, su protagonista se nos presenta como un adicto al delirio y a la extrañeza, con ilusiones que harían feliz tanto a un físico cuántico como a un psiquiatra en busca de casos singulares.

Uno de los libros que estoy leyendo estos días es también uno de los más hermosos que recuerdo, las memorias de Nina Berbérova, tituladas El subrayado es mío.

La palabra clásico no siempre responde a un interés continuado de los lectores. La crítica y el entorno académico están llenos de supersticiones que se perpetúan de una generación a otra. Sin embargo, ante títulos como Stalker. Pícnic extraterrestre, uno siente que coinciden, por diversos motivos, los elogios del estudioso y los del aficionado. Y es que, como ahora verán, nos hallamos ante una de esas obras que se han convertido en referenciales.

La señora Tolstoi

Las esposas de los genios, las mujeres que comparten su vida con personalidades de cualquier campo, no lo tienen fácil. Conocemos muchos ejemplos que ilustran esa dificultad, añadida a la convivencia, de estar con alguien que, por algún motivo, sobresale de una forma especial.

A menudo muchos nos hemos preguntado dónde están los escritores soviéticos que la Revolución de Octubre prometió. El que tan pocos de los partidarios del régimen comunista hayan pasado a la historia de la literatura es otra de las vergüenzas de las antigua Unión Soviética.

En otoño de 1956 un avión que cubría el recorrido entre dos ciudades europeas aterrizó inesperadamente en Malta. Mientras los viajeros esperaban en una sala del aeropuerto a que se reparara la aparente avería, unos hombres buscaban en el portaequipajes del avión una maleta que contenía un grueso manuscrito.

La única novela policiaca que escribió el gran Chéjov, vertida al español por Irene Tchernova en los años cincuenta, llega nuevamente a manos del lector en un volumen primorosamente editado por Reino de Cordelia y revisado por José Fernández Bueno.

"Flores tardías", de Antón Chéjov

¿Será posible? Pues lo es. Chéjov resulta fascinante incluso en las piezas de su primera etapa, cuando aún no había llegado a ese periodo en el que las obras maestras se convirtieron en la divisa de su trayectoria literaria.



Sólo en un pasaje de Crimen y castigo aparece el padre. Es en un sueño de Raskólnikov. Lleva a su hijo a una taberna de extramuros, donde ocurre una fiesta. Entre muchos de los asistentes, matan una yegua a palos, sin que el padre haga nada por impedirlo. Al despertar de este sueño, Raskólnikov describe el modo en que matará a la usurera.



A partir de un lugar paterno defectuosamente ocupado dentro de la estructura de la ley, el hijo carece de oportunidades de acceder a él (ya veremos lo que hace en vez de esto). No puede heredar a un padre inválido y, por ello, no puede ser padre.