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Publicada hace ya más de una década, La pell freda se editó en catalán y su excelente acogida provocó que fuera traducida al castellano y a casi 40 idiomas más, todo un éxito para su autor Albert Sánchez Piñol, quien ahora ve su obra más famosa adaptada a la gran pantalla.

Nacho Vigalondo es un director muy conocido en ciertos círculos, y goza de una considerable popularidad más allá de nuestras fronteras por sus películas ‒en especial, por Los cronocrímenes (2007)‒. Además, es toda una estrella en las redes sociales españolas. Pese a todo ello, su cine nunca ha funcionado bien en taquilla y sigue siendo un desconocido para el público general.

Si tuviera que elegir un subgénero de la fantasía, me quedaría, sin dudarlo ni un momento, con el de los mundos perdidos. Ambientados en tierras incógnitas, esos relatos suelen enfrentar a sus protagonistas con saurios prehistóricos y con otras bestias olvidadas por el tiempo.

Hace poco, todos nos entusiasmamos con la serie de televisión Stranger Things, básicamente porque remitía al cine juvenil de los años 80, con un buen puñado de referencias directas e indirectas a las películas y la cultura popular de aquellos tiempos.

No creo que sea necesario demostrar la versatilidad del western como género. Su marco geográfico, temporal y conceptual ha permitido contar todo tipo de historias, pero sin duda sus pioneros cinematográficos no pensaron que un día a alguien se le ocurriría mezclar el desierto y los cowboys con dinosaurios.

La película que nos ocupa viene a ser una derivación de otra producción de J.J. Abrams, Cloverfield (2008), aquella vigorosa combinación del clásico subgénero de monstruos gigantes con la fórmula del found-footage. Curiosamente, a pesar de este parentesco, Calle Cloverfield 10 se aleja de la grandilocuencia de su predecesora y nos ofrece un misterio íntimo, compacto, sometido a un escenario reducido y amenazador.

Los quelonios  son reptiles con coraza. Son vertebrados que ponen huevos, poseen respiración pulmonar, lucen piel escamosa y que han de adaptar la temperatura de su organismo a la del ambiente.

Elogio del monstruo gigante

Monster movie, monster film, creature feature o kaiju eiga... Es verdad que son muchas las etiquetas con las que nos referimos al cine de monstruos gigantes y de humanos minúsculos. Desde que en 1925 Willis O'Brien rodó El mundo perdido (The Lost World), se ha ido enriqueciendo una nómina de producciones que comienza con King Kong (1933) y llega hasta Pacific Rim (2014).

Entrevista a Gojira

Con una salud envidiable, uno de los actores internacionales más reconocidos cumple sesenta años en la profesión. Nos referimos a la internacional estrella nipona Gojira –Godzilla para los occidentales–, quien sigue provocando la admiración de sus numerosos fans y la chanza y chirigota de otros tantos espectadores menos aficionados a la destrucción lúdica.

Antes de esta, otras muchas películas han reflejado la pasión destructiva de Godzilla. El tema principal de la saga es fácil de resumir: una bestia antediluviana, nacida de la pesadilla atómica japonesa, sembraba el caos en los primeros filmes, y luego, en una larga lista de secuelas, empezó a enfrentarse a otros leviatanes, defendiendo tangencialmente a la humanidad.