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La Muerte

La Muerte, esa señora tan Catrina y elegante que concibió Posada y popularizó Rivera, está siempre presente en la cultura de los mexicanos. Y sobre todo en noviembre, a través de costumbres y ritos milenarios (altarespanes de muerto) o recientísimos (desfiles surgidos a raíz de una película de James Bond).

Cómo veo mi muerte

En la revista El Ciervo, me pidieron que escribiera un breve comentario acerca de cómo veo mi muerte. Se publicó en abril de 2007. Mi padre también escribió cómo veía él su muerte, pero no he podido encontrar su artículo.

¿Recuerdan Línea mortal (Flatliners)? No se preocupen, casi nadie lo hace. Más allá de la presencia de una recatada Julia Roberts en pleno auge y de Kiefer Sutherland soltando la célebre frase cheroqui “Es un buen día para morir”, aquel film de 1990 no se cuenta entre lo más memorable del director Joel Schumacher.

Todo el mundo ha oído hablar del análisis postmortem, un trabajo de forenses que aparece una y otra vez en todo tipo de series de televisión y en novelas policíacas. Pero no son muchos los que conocen el análisis premortem.

La escritura y la muerte

En 1982, cuando los computadores estaban los comienzos de su prodigioso desarrollo posterior, Walter Ong publicó su gran libro Oralidad y escritura, una de las más estimulantes investigaciones acerca de las diferencias entre el mundo oral previo a la escritura, el de la escritura y el que se inició con la imprenta.

La muerte y la memoria

Los seres humanos vivimos aterrorizados por nuestra propia mortalidad. Somos la única especie en el planeta que es consciente de que existe la muerte: de que nuestra vida no durará por siempre. Comenzamos a saberlo en algún momento de nuestra infancia o adolescencia, y hay quien dice que es a partir de ese momento que nos volvemos plenamente humanos.

El gran temor de toda persona es la muerte. Lo reconozcamos o no, todos tememos ese momento en que dejaremos de existir, y al mismo tiempo tratamos de no pensar en ello, de olvidar la certeza que tenemos de ser finitos. Filósofos como Fernando Savater han dicho que es esa certeza de nuestra propia mortalidad lo que nos hace humanos: es en ese angustioso momento en la soledad de alguna noche oscura en que un niño o adolescente se hace consciente de que él también va a morir algún día cuando se vuelve plenamente una persona humana.

Huesos de santos

Uno de los tal vez mayores agentes de la vida humana sea, por paradoja, el intento de matar la muerte. Explorar el pasado, obtener una historia, honrar a los ancestros queridos o queribles (muchos de ellos, desconocidos o inexistentes) son variables maniobras para inmortalizar a la especie, ya que no a los individuos.

La ciencia moderna lo revela una y otra vez: cuando las analizamos detenidamente, las cosas casi nunca son tan claras ni bien definidas como parecen.

Evitar la muerte ha sido una gran ilusión de la humanidad. Durante mucho tiempo se pensó que sólo las religiones podían ofrecer esperanzas de este tipo, con base en la creencia en un alma o espíritu inmaterial que habita el cuerpo y que perdura más allá de la muerte.