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El conocimiento

Nuestra especie ha logrado sobrevivir y ser exitosa gracias fundamentalmente a su intelecto, esa poderosa herramienta que le permite generar conocimiento sobre el mundo que la rodea.

Uno de los misterios más fascinantes de las neurociencias –un campo de por sí muy atractivo– es el funcionamiento de la memoria. ¿Cómo se almacenan los recuerdos, cómo se recuperan cuando los necesitamos, por qué los perdemos, por qué los falseamos? 

A mediados de los años setentas del siglo pasado, la empresa televisiva estadounidense CBS adaptó para la televisión la exitosa película El Planeta de los Simios, basada en la novela homónima de ciencia ficción del francés Pierre Boulle, que había sido protagonizada por Charlton Heston y Rody McDowall en 1968 bajo la dirección de Franklin J. Schaffner.

“La vida es demasiado corta como para leer un mal libro”. “Pero teniendo en cuenta que se publica un nuevo libro cada treinta segundos, puede hacerse difícil saber por dónde empezar”.

¿Por qué nos odiamos?

“Por supuesto que los odiábamos. El plan para matarlos estaba dispuesto y terminado. El odio estaba profundamente arraigado, de modo que cualquiera que veía a un tutsi lo mataba”. Lauren Renzaho tenía cincuenta años cuando en 1994 participó en el genocidio de Ruanda y no dudó en contarle al fotoperiodista Nick Danziger, del programa BBC Panorama, los motivos que le movieron a asesinar a sus compatriotas. Así lo recoge el libro La naturaleza del odio (2010), de los psicólogos Robert J. y Karin Sternberg.

No por azar ni en vano se dice que nuestra edad está fechada en el cerebro. Y no hablo tanto de la edad mental ‒me refiero al poso de juventud que nos queda en la madurez‒ como de la edad física. Al fin y al cabo, un cerebro sano es, muchas veces, el indicador de una vida saludable y plena.

Francisco Mora, catedrático de Fisiología de la Universidad Complutense y de la Universidad de Iowa, es uno de los más destacados expertos en neurociencia de nuestro país. Además, es un ensayista audaz que ha propuesto un ambicioso programa de convergencia de ciencia y humanidades a partir de los descubrimientos recientes de la neurología. Sus numerosos textos combinan conocimientos científicos enciclopédicos con una prosa brillante. En esta entrevista propone tres calas en temas centrales de la neurocultura.

Hoy las ciencias sociales están tomando unos nuevos derroteros, desde que han entrado en escena los etólogos o sociobiólogos. Edward O. Wilson acuñó en la década de los años setenta una palabra nueva: sociobiology (1). Esta palabra levantó muchas ampollas —sobre todo en la piel ideológica— y, como el escándalo tiene mucho más interés que la norma cumplida, apareció Wilson en la hornacina del altar de las portadas del Time y de otras revistas de esta naturaleza.

Mentes frikis

Participar en comunidades culturales, subculturales o contraculturales puede ser un buen antídoto contra el conformismo. Los frikis (o freaks), habitualmente caricaturizados, pueden servir para analizar un colectivo que, además de un interés por estilos peculiares de consumo cultural, conjugan un acentuado sentimiento de individualidad con un especial sentido de la pertenencia. ¿Qué tienen en común las mentes de estas personas? ¿Existe una teoría cognitiva del frikismo?

Castilla del Pino

En 2009 Castilla del Pino se nos marchó al otro lado del tiempo. Carlos Castilla del Pino, uno más de esos que nunca se jubilan. No haré su elogio como hombre de ciencia. Ya lo han hecho quienes mejor conocen el tema.