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Los ammonites son un grupo de animales fósiles de gran importancia en Paleontología. Los primeros representantes del grupo aparecieron hace unos 400 millones de años durante el Devónico y se extinguieron durante la gran crisis que marca el final del periodo Cretácico, hace 65 millones de años. Durante este gran lapso de tiempo experimentaron una rápida evolución de formas, muchas de las cuales tuvieron una gran distribución en los mares de su época.

Cuando excavamos un yacimiento paleontológico, abrimos la caja de un puzle en la que es frecuente que nos falten muchas piezas. Sólo en ocasiones muy excepcionales podemos contar con un número suficiente de ellas para que esa imagen sea nítida y completa. Este es el caso del Sistema de yacimientos del Cerro de los Batallones (Torrejón de Velasco, Madrid), donde se han hallado numerosas e importantes piezas que encajan perfectamente y que nos han permitido despejar muchas dudas sobre la fauna que vivió durante el periodo Mioceno en Madrid.

Hace más de 30 años, Santiago Prieto Villar llegó a la Facultad de Geológicas de la Universidad Complutense de Madrid con un puñado de fósiles entre las manos, que incluían un pequeño pez, una salamandra y varios insectos. Lo que no sabía el geólogo de Cuenca es que ese sería el inicio de un hallazgo mucho mayor. Había dado con uno de los yacimientos de referencia para saber cómo era la vida en la Tierra hace 125 millones de años: Las Hoyas. 

Aunque desde hace casi un siglo el Diplodocus contempla impasible la afluencia de visitantes del MNCN, su llegada no resultó sencilla. Existen, además, una serie de curiosidades que rodean a su historia y que quizá sean menos conocidas.

¿Cuánto hay de Ciencia y cuanto de invención en todas esas imágenes del pasado prehistórico?, se pregunta el autor en la introducción. Nada es gratuito, falso o sospechoso de carecer de rigor en el trabajo de este genial artista científico. Pero además escribe muy bien.

Los yacimientos paleontológicos del Cerro de los Batallones son ante todo singulares, no hay otro conjunto similar en ninguna otra parte del mundo. Lo que hace único a Batallones es una conjunción de características (geológicas y paleontológicas) que no se dan asociadas en otros yacimientos paleontológicos.

La diversidad de organismos encontrados en los yacimientos del Cerro de los Batallones sólo es explicable en un contexto climático y ambiental muy diferente del actual. Hace 9 millones de años estaba finalizando una de las épocas de mayor bonanza climática de las registradas en la última parte de la historia geológica (últimos 25 millones de años) de la península Ibérica.

En 1991, cuando nos afanábamos excavando en un pozo de aspecto poco prometedor en lo que hoy conocemos como Batallones 1, la posibilidad de encontrar un cráneo completo de los “dientes de sable” Machairodus o Paramachairodus parecía casi un sueño.

Los yacimientos paleontológicos del Cerro de los Batallones (Torrejón de Velasco) son los más singulares de Madrid, y pueden contarse entre los más interesantes del registro fósil del Mioceno continental mundial. Tanto en conjunto como individualmente pueden considerarse como yacimientos con fósiles de conservación extraordinaria.

Desde el año 2000, los doctores Javier Fortea [fallecido en 2009] y Marco de la Rasilla, de la Universidad de Oviedo, dirigen los trabajos de campo en el yacimiento asturiano de El Sidrón, donde se recuperan restos neandertales de una antigüedad próxima a los 43.000 años.