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Dice Francisco Blasco de Lanuza que, en el mismo instante en que Dios cría su alma, cada ser humano cuenta con un ángel de la guarda que le protege pero, en su infinita magnanimidad, el mismo Dios permite a su ángel caído, al bello Lucifer, ponerle un demonio, para que siempre le persiga. Y así, ángel y demonio pugnan, a lo largo de toda la vida del ser humano, por hacerse dueños de sus decisiones. El hombre nace libre para decidir. El demonio es libre de tentar. La decisión última de caer o redimirse siempre está en la conciencia humana.

Divinos autobuses

Refugiándome del frío, cogí sucesivamente dos autobuses con sus carteles teológicos, uno ateo y el otro creyente. No te asustes, lector/a, no te endilgaré una monserga filosófica. Por otra parte, Dios es, si se quiere, Alguien sencillo: es Quien tiene todo lo que a nosotros, los humanos, nos falta.

Nacido en el Líbano y habitante de Francia, escritor libanés que escribe en francés, melquita de religión, hijo de católica y protestante, con una abuela egipcia casada con un maronita (que era librepensador, liberal y tal vez masón), árabe pero cristiano, Maalouf está autorizado para plantearse una reflexión sobre la identidad al margen de las filosofías identitarias al uso.

Cinco siglos de reformas

Un lejano amigo, alemán y musicólogo, me dijo cierta vez que esperaba vivir lo suficiente como para asistir a la canonización por la Iglesia de San Martín Lutero. No sé si el Papa Bergoglio llegará tan lejos, aunque parece estar en camino. Es cierto que Lutero fue excomulgado, pero Juana de Arco murió en la hoguera por bruja relapsa y llegó a la santidad.

"Los cristianos", de Jesús Mosterín

Un relato histórico del cristianismo implica la revisión de sus vicisitudes a lo largo de los siglos, y en particular, de las relaciones que sus discípulos e intérpretes tuvieron con el Jesús que aparece en el Nuevo Testamento. El filósofo Jesús Mosterín afronta esta formidable labor con inteligencia, claridad y amplitud de referencias.

El retorno de los dioses

Una casualidad editorial me ha permitido leer a la vez un par de libros temáticamente ligados: Der deutsche Glaubenskrieg. Martin Luther, der  Papst und die Folgen, de Tillmann Bendikovski (Bertelsmann, Munich) y Los numerosos altares de la modernidad. En busca de un paradigma para la religión en una época pluralista, de Peter L. Berger (traducción de Francisco Javier Molina de la Torre, Sígueme, Salamanca).

Cuenta la tradición que las tres Marías (María de Cleofás, María Salomé y María Magdalena), acompañadas de la negra Sara, fueron puestas en una barca sin velas y abandonadas a su suerte. Desde las costas de Palestina, las Marías consiguieron llegar hasta la Camarga francesa. Y el punto exacto donde arribaron pasó a llamarse Saintes Maries de la Mer.

El diablo y la maledicencia

Para sacar la contraria y mostrar cierta imparcialidad en estos momentos de felicidad tras unos días horribles, me permitiré citar a un Papa, a Juan Pablo I.

No es necesario ser creyente para aceptar la perspectiva que plantea Roberto Blatt sobre tres religiones ‒la judía, la cristiana y la islámica‒ sin las cuales no se explica lo que hoy somos, y sobre todo, el horizonte intelectual, económico y político en el que nos proyectamos.

Los arqueólogos o los historiadores tal vez logren algún día descubrir el origen de esa extraña religión que se conservó en varias decenas de relatos que los hebreos llaman Tanaj y los cristianos Antiguo Testamento.