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Más que un apéndice que se localiza al final del cuerpo, la cola de los reptiles es un elemento esencial que cubre muchas funciones. Les sirve, por ejemplo, para nadar y sujetarse, equilibrar su cuerpo, atraer a posibles compañeros sexuales capturar presas y, a menudo, también puede salvarles la vida.

Su historia está muy ligada a la nuestra; es un depredador formidable y ha logrado adaptarse a una diversidad de ambientes. Pero no es tan agresiva como suele pensarse.

Si lee usted periódicos o blogs, ve o escucha noticieros, o está conectado a las redes sociales, seguramente ya se enteró del hallazgo, dentro de una pieza de ámbar procedente de las minas (sí: el ámbar se extrae de minas) del estado de Kachin, en Myanmar (o Birmania), de un fragmento de cola de dinosaurio maravillosamente bien preservado, que tiene la característica de presentar plumas.

El mundo de los cómics está poblado por superhéroes fantásticos que, como Supermán, son más veloces que un tren y pueden brincar el edificio más alto de un solo impulso. Las imágenes del Hombre Araña trepando con facilidad las paredes de los edificios, o de Flash moviéndose a velocidades tales que no puede ser visto por sus enemigos, son cosa de todos los días en ese ámbito. En el mundo real, las inexorables leyes de la alometría impiden que una persona normal sea capaz de semejantes proezas.

Descubierto en 1996, el lagarto moteado canario (Gallotia intermedia) o ‘lagarto gigante de Tenerife’ vive a la sombra de sus tocayos del Hierro y la Gomera, aún más amenazados. Su presencia se reduce a los acantilados de la isla donde huye de sus predadores y sobrevive en un hábitat que no es el suyo. En peligro de extinción, el futuro de este reptil depende de un Plan de Recuperación que todavía no tiene.