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“Hay que tomarse el zumo recién exprimido, que si no, se le van las vitaminas”. Deborah García Bello sabe hoy que el viejo consejo de su abuela no era verdad. También ha descubierto que beber jugos de frutas no es tan saludable como nos han contado, porque todos, caseros o industriales, se metabolizan como si estuviésemos bebiendo azúcar. Aun así, esta licenciada en Química confiesa que sigue desayunando zumo cada mañana, pero no se engaña pensando en sus propiedades nutritivas; lo toma porque le encanta.

A estas alturas de nuestra vida digital, se hace preciso iniciar un desenfrenado sprint en busca de la verdad. Sin duda, es grave la expansión de la llamada posverdad ‒es decir, de las noticias falsas de toda la vida‒, pero aún me parece más dañina la proliferación de mentiras y mitos, no necesariamente nuevos, relacionados con nuestra salud.

La era de la locura

El mundo parece estarse yendo a la mierda. En muchos sentidos, pero hoy quiero referirme a uno muy específico: al preocupante hecho de que nuestra especie está perdiendo lo más valioso que tiene, el conocimiento, para sustituirlo por la locura.

Homeopatía y frenología

En los últimos años el debate acerca del carácter científico de diversas creencias, teorías o hipótesis ha ocupado el primer plano de la actualidad: la homeopatía, las flores de Bach y las diversas filosofías o técnicas orientales, como el reiki, el yoga, la acupuntura o el ayurveda.

Astucias homeopáticas

Con la mayoría de las nuevas creencias paracientíficas, especialmente las que pretenden dotarse de un barniz de respetabilidad científica, sucede lo mismo que con las religiones reveladas: sus hipótesis originales se reinterpretan una y otra vez hasta hacerlas tan difusas que no se sabe ya qué es lo que afirman y que es lo que niegan; o bien se confunde y mezcla la teoría con un montón de cosas diversas, como hace la homeopatía al unir a su tesis inicial otros métodos más o menos efectivos, como la ayuda psicológica, la terapia oral, el uso de masajes y productos tradicionales (desde infusiones a todo tipo de alimentos), o incluso recomendaciones tales como descansar, relajarse, caminar, respirar aire puro o cualquier otra cosa que el sentido común y la observación nos indica que puede contribuir al bienestar general.

Comienzo estas líneas sin saber qué elogiar primero: si la brillantez divulgativa de Mauricio-José Schwarz o su talento para inocularnos una buena dosis de sentido común.

Simulación

Gente muy letrada hay que se considera afrentada si se le pregunta qué libro elegiría, en caso de quedar varada en una isla tropical y solitaria, para pasar sus días y noches leyéndolo, mientras escucha el rumor del mar e imagina el ronroneo de las máquinas del buque que viene al rescate. Es una afrenta no porque no suela viajar en barco o porque no acostumbre llevar consigo su libro favorito, sino porque es imposible tener siquiera un autor favorito. ¿Cervantes o Shakespeare?, por ejemplo. Confieso que yo respondería al instante y sin ofenderme: me llevaría sin dudar los cuentos completos de Chéjov, pues no hay nada humano que le sea ajeno, lema del cartaginés Terencio.

¿Agua alcalina?

Siempre será un misterio para mí la razón de que mucha gente confíe, de manera tan plena y con tanta facilidad, en cualquier tipo de remedio milagro que les ofrezca el primer estafador que aparezca, ya sea en anuncios en revistas, radio o televisión. Cristales, perfumes, imanes, pulseras, pastillas, cápsulas de “ajo negro estrella” o de ajonjolí… la lista puede ser infinita y cambia con las modas.

Cualquiera que tenga un mínimo conocimiento sobre cómo trabaja la medicina moderna sabe que, a pesar de su popularidad, la homeopatía no sirve: pese a los innumerables informes anecdóticos sobre su utilidad (“dirán misa, pero a mí me funcionó”) todos los ensayos clínicos controlados que se han hecho para evaluar su utilidad terapéutica revelan que no es más efectiva que un placebo (es decir, es totalmente inútil). 

La Orden Rosacruz AMORC

En la última revisión de La verdadera historia de las sociedades secretas, cuando todavía se llamaba El conocimiento secreto, eliminé o reduje algunas citas, como la que encabeza el apartado dedicado a las sociedades secretas egipcias (página 28 en el libro):