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El caso de Bernard Heuvelmans

Escribió en 1955, en el prefacio de su primer libro y uno de los más famosos que publicó, Tras la pista de los animales desconocidos, que “a pesar de ser un zoólogo profesional y de mis títulos universitarios, quiero librar a todas las bestias malditas del gueto en que las hemos encerrado sin razón, y acogerlas en el redil de la zoología…”.

De todas las maneras que tiene un escritor de ciencia ficción de alcanzar la fama, sin duda la más original fue la elegida por Lafayette Ronald Hubbard. No llegó a ella a través de sus numerosos relatos firmados con diversos pseudónimos (Rene Lafayette, Tom Esterbrook, Kurt von Rachen, Captain B.A. Northrup, Winchester Remington Colt), sino en su calidad de fundador de la Iglesia de la Cienciología.

La inserción social de las tecnologías de la comunicación ha venido acompañada de toda clase de expectativas, incluso de carácter fantástico o sobrenatural. En este trabajo se repasan dos de las fantasías que cuajaron con la llegada del telégrafo y de la radiofonía: la confianza en su poder para comunicarse con los muertos en una primera fase, y con seres extraterrestres posteriormente. Se pretende con ello contribuir a una historia de la comunicación atenta a los fenómenos creados en la interacción de los imaginarios culturales y la innovación técnica.

Por si no se habían enterado, recientemente nos hemos quedado sin yeti. Ocurrió en noviembre de 2017 cuando investigadores de la Universidad de Búfalo publicaron un estudio en el que habían analizado el ADN de muestras del supuesto yeti dispersas por todo el mundo en museos y colecciones privadas: pelos, piel, dientes, huesos y hasta restos de excrementos recogidos en el Himalaya y el Tibet y que durante décadas se ha creído que pertenecían a la misteriosa criatura, un animal sin terminar de identificar, quizá medio hombre medio oso…

La astrología es una ciencia. De hecho, es la que más tiempo ha tenido para ser puesta a prueba: no ha dado un solo resultado fiable en más de 4000 años de estudio. Por eso es una ciencia, sí, pero una ciencia fracasada.

En Europa empezamos a comprar hornos microondas a finales de los años 80. En la actualidad es un electrodoméstico que encontramos en casi todos los hogares. Sin embargo, alrededor de este aparato circulan ciertas creencias, como que hace perder valor nutricional a los alimentos o que funciona con un tipo de radiación peligrosa para la salud.

El glifosato fue sintetizado por primera vez en los años 50. En 1970, el químico John E. Franz descubrió sus efectos herbicidas. Empezó a comercializarse por la compañía Monsanto en 1974 bajo el nombre de Roundup.

En Silicon Valley (California) se encuentran las mayores corporaciones de tecnología del mundo, hasta tal punto que Silicon Valley se ha convertido en la metonimia para el sector de la alta tecnología (a la manera de Hollywood para el cine). Marcan tendencias a escala global: moda, estilo de vida, pensamiento… Incluso alimentación. La última idea feliz que ha triunfado en Silicon Valley es la de beber «agua cruda», agua sin tratar y sin analizar.

Vivimos en la era de internet y la redes sociales, y por tanto, también la era de las fake news, de la posverdad, de la manipulación informativa. Se trata de uno de los problemas más urgentes que amenazan a todas las sociedades modernas. 

El físico y profesor Eugenio Fernández Aguilar ha dedicado cuatro años a investigar cincuenta de las hipótesis en las que se basa la conspiración lunar, el resultado está publicado en el libro La conspiración Lunar ¡Vaya timo! En él, Eugenio demuestra con conocimientos básicos de física y con un sano pensamiento crítico, que es el corazón del pensamiento científico, cómo la mal llamada teoría de la conspiración lunar no tiene sentido.