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Las historias naturales son un crisol donde se mezclan la novela histórica, el libro de viaje, el humor y el género de terror. Sirvan estas líneas como recuerdo de los elementos que conjugó Joan Perucho para crear al vampiro tarraconense que protagoniza el libro: una criatura que reúne muchas de las características de los vampiros de las leyendas centroeuropeas, y también de las de sus congéneres en la ficción, tanto literaria como cinematográfica.

Situémonos: Marvel Comics, principios de la década de 1970. La fórmula de los tebeos de superhéroes iniciada por Stan Lee y Jack Kirby con Los Cuatro Fantásticos, Spiderman o Los Vengadores una década atrás, empieza a dar muestras de cansancio.

Tras el rodaje de la versión hablada en español de Drácula (1931) ‒a la que ya dedicamos un artículo en esta revista‒, la figura del vampiro no reapareció en la cinematografía hispana hasta 1957, cuando se filmó El vampiro, película dirigida por Fernando Méndez, uno de los grandes nombres del fantástico mexicano.

Existe un rumor según el cual el escritor Bram Stoker quiso resucitar al conde Drácula para escribir una segunda parte de su famosa novela. Esta es una cuestión que posiblemente será una eterna incógnita y se sustenta en un fragmento eliminado al final del libro.

La película Drácula (1931), de Tod Browning, es un título de la Universal Pictures de suma importancia dentro de la Historia del Cine y, en particular, del género fantástico. Tiene los honores de haber sido una de las primeras producciones fantásticas de la época sonora, y es la primera película norteamericana que presenta la figura del vampiro, partiendo de la novela de Bram Stoker.

Una historia alucinante (The Night Stalker, 1972) y El estrangulador de la noche (The Night Strangler, 1973) son dos telefilms protagonizados por el periodista Carl Kolchak, un detective de lo oculto que luego inspiró una de las series de televisión con mayor éxito y calidad de la historia del medio: Expediente X. Ambos títulos se deben a la fantasía de un escritor excepcional, Richard Matheson.

En 1924 tiene lugar el estreno de la primera representación teatral de Drácula, adaptada y dirigida por el actor y dramaturgo Hamilton Deane. Desde el teatro, se instaura la imagen prototípica del vampiro moderno que, posteriormente, difunde el cine gracias a la personificación de Bela Lugosi.

Al igual que otras obras de la escuela expresionista, Nosferatu ‒sobre cuya producción ya les hablé en un artículo anterior‒ también delata un trasfondo que podemos vincular con el ocultismo y la magia.

El escritor H.P. Lovecraft, el genio de Providence, sentenció que la emoción más fuerte de la humanidad es el miedo. Está claro que la industria del cine, nacida en los umbrales del siglo XX, no perdió la oportunidad de entretener a los espectadores por medio de ese sentimiento. Y lo mismo ocurrió con el público, siempre dispuesto a pagar una entrada para que lo asustasen.

Según consta en una mayoría de estudios, el actor húngaro vino al mundo el 20 de octubre de 1882 en Lugos, territorio de Hungría que luego pasó a formar parte de Rumanía. Su verdadero nombre fue Béla Ferenc Dezsö Blasko.