Viernes, 12 Junio 2015 22:54

Hannibal: la reinvención del mal Destacado

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Hannibal, la serie creada por Bryan Fuller (Muertos como yo, Pushing Daisies) para NBC, es una rareza en el panorama televisivo, una maravillosa rareza; y no solo para las cadenas en abierto, sino incluso para los clubes más selectos de las cadenas de cable.

Basada, como habrán imaginado, en los libros de Thomas Harris, tenía ante sí un enorme reto que otras predecesoras no lograron superar: conseguir entidad propia y distinguirse de El silencio de los corderos. Pues la película de Jonathan Demme, un clásico moderno, consiguió convertir la historia de Hannibal el Caníbal en un éxito de masas, y consagrar a su protagonista, Anthony Hopkins, como el único actor capaz de embelesar y fascinar al público, aun a pesar de ser el malo de la película.

La primera adaptación al cine de las hazañas del doctor Lecter no consiguió ni por asomo el mismo éxito que la película de Demme. Se trataba de Manhunter (1986), dirigida y escrita por Michael Mann, y protagonizada por William Petersen (CSI), en el papel de Will Graham, y Brian Cox en el de Hannibal Lecter.

Manhunter se centraba en la historia del Dragón Rojo. Aunque ahora se considere prácticamente una película de culto, tanto por su peculiar estilo visual y su uso del color (con el que el director pretendía influir en el estado de ánimo del espectador), como por sus interpretaciones, en el momento de su estreno fue un rotundo fracaso en la taquilla.

Ni siquiera las películas posteriores a El silencio de los corderos pudieron aunar al mismo nivel el éxito de crítica y público, a pesar de contar con Anthony Hopkins. Hannibal (2001), dirigida por Ridley Scott, después de que Jonathan Demme se desmarcara del proyecto, volvió a romper las taquillas, pero la acogida entre la crítica fue muy dispar, y muchos seguimos pensando que palidece ante la cinta de Demme, pese a contar con una historia sólida, un archienemigo para Lecter (el desfigurado Mason Verger), y una nueva Clarice (interpretada por Julianne Moore) que recogía adecuadamente el testigo de Jodie Foster.

En la misma línea se encuentra El Dragón Rojo (2002), dirigida en este caso por Brett Ratner, y con Edward Norton en el papel de Will Graham. Situada en un momento temporal anterior a El silencio y Hannibal, El dragón rojo vuelve a adaptar el mismo material que usó Manhunter. Sin duda, las mayores bazas de la película son las fantásticas interpretaciones de Norton, Ralph Fiennes y Philip Seymour Hoffman, que encarna al periodista de sucesos Freddy Lounds, dispuesto a pactar con el diablo con tal de conseguir sangre fresca para su tabloide.

La última película que contó las andanzas de Hannibal Lecter fue Hannibal: el origen del mal (2007), donde veíamos los primeros años del protagonista absoluto de la saga. Lo mejor de este último intento de exprimir al psicópata más rentable del cine es la interpretación de Gong Li como Lady Murasaki, la tutora de Lecter, después de que este se quede huérfano.

Tras este somero repaso, salta a la vista que la mitología sobre la historia de Hannibal Lecter es abundante e intrincada. El público tiene una imagen clara de quién es, de sus enemigos, de sus extraños aliados, de sus gustos, sus vicios e, incluso, de sus debilidades.

Entonces, ¿qué podía aportar una serie de televisión sobre los mismos personajes? Y más aún, ¿es realmente posible que alguien, aparte de Anthony Hopkins, sea Hannibal Lecter?

Bryan Fuller, como decía más arriba, asumió el reto con valentía y reescribió la historia de Hannibal de principio a fin. Para empezar, Mads Mikkelsen (Casino Royale, La caza) aborda la interpretación del personaje de Hannibal Lecter desde un punto distinto que Anthony Hopkins. Es tremendamente más contenido, más hierático y sutil. En muchas ocasiones, su maldad se intuye, y eso lo hace más atractivo para el espectador. En un giro perverso, la serie consigue obligarnos a ver a Hannibal como persona, y no simplemente como el asesino cruel y despiadado que es. Así, en el juego del gato y el ratón que se establece entre el doctor Lecter y el FBI durante las dos primeras temporadas de la serie, el espectador no podrá evitar el deseo de que Lecter escape, y que los investigadores del FBI caigan en alguna de las trampas que Hannibal les ha tendido para desviarlos de su pista. Y, sin duda alguna, esto es mérito del guión, pero también del actor.

Por mucho carisma que pueda tener un personaje como Hannibal Lecter, si el actor encargado de encarnarlo no consigue que a los espectadores les importe su destino, más allá de sus tropelías, la serie podría perder rápidamente todo su interés. Y es que las escenas gore de las películas pueden ser efectivas cuando la historia se prolonga durante dos horas, pero el efecto se pierde si pretendes mantenerlo durante veinte horas, es decir, durante los veinte capítulos que componen las dos primeras temporadas de la serie.

Por eso, el Hannibal de Bryan Fuller es un tira y afloja. Encontrarán sangre y vísceras, asesinatos grotescos y ambiente de pesadilla, pero también tensión psicológica, largas escenas de diálogos entre los protagonistas, en los que importa más lo que se insinúa que lo que se dice abiertamente, o momentos en los que puede intuirse que el doctor Lecter, solo en su despacho o en su casa, está maquinando su próximo paso.

Así han sido las dos primeras temporadas de Hannibal: una progresión in crescendo de violencia y tensión, durante las que Mads Mikkelsen se ha adueñado del personaje de Hannibal Lecter, y ha eclipsado a todos los demás.

Sin desvelar detalles sobre la trama, sí puedo afirmar que parece que esas dos primeras temporadas se construyeran para un clímax en el que Hannibal Lecter por fin se quitara su apariencia de moralidad y normalidad. Como el doctor afirma en un diálogo de la tercera temporada, “ya no hay ética, solo estética”.

Por supuesto, Mikkelsen tiene buenos acompañantes, todos ellos sacados de las novelas de Thomas Harris. Hugh Dancy es un torturado y taciturno Will Graham, que, irónicamente, tiene mayores dificultades para relacionarse con las personas que el propio Lecter. Laurence Fishburne es Jack Crawford, el mandamás del FBI, y confidente de Lecter, que pagará su ignorancia. Y en un lugar destacado tenemos a la psiquiatra del buen doctor: Bedelia du Maurier, a quien da vida una Gillian Anderson que lleva décadas en estado de gracia.

Ahora bien, aunque los nombres suenen familiares, no se dejen embaucar. Bryan Fuller no solo ha reinventado al doctor Lecter, sino a todos los personajes e historias. ¿Recuerdan a Freddy Lounds, el periodista que tan genial y trágicamente interpretó Philip Seymour Hoffman, y que protagoniza una de las escenas más grotescas de El Dragón Rojo? Pues en la serie, Freddy Lounds es una bloguera entrometida, que se convierte en una pieza importante del plan maestro de Lecter.

Les recomiendo encarecidamente que, si aún no lo han hecho, vean tan pronto como puedan las dos primeras temporadas. La serie, como todos los trabajos de Fuller (excepto, claro, Mockingbird Lane), tiene una estética característica y muy personal. De los escenarios asépticos de la morgue, pasa al puro virtuosismo decadente de los banquetes de Hannibal. De las cuatro paredes del austero despacho de Lecter de las primeras dos temporadas, en la tercera pasamos a un lujoso palazzo florentino.

De momento, con el primer capítulo de la tercera temporada, Fuller no defrauda. Juega con las líneas temporales, con la estética, con los diálogos e incluso con el humor. Pues, no lo duden, por muy sangrienta que pueda llegar a ser Hannibal, no carece de humor, retorcido, claro está, pero humor al fin y al cabo.

El doctor Lecter se ha despojado de su “traje de persona”, como dice Bedelia du Maurier, y se dedica solo a disfrutar de la vida, con el peligro que eso conlleva para quienes lo rodean, por supuesto.

Ahora falta por ver qué nuevas posiciones adoptaran sus antiguos aliados, cómo se resolverá la ambigua relación entre Will Graham y Hannibal, y por qué medios acabará el asesino Lecter convirtiéndose en aquel que ayude a atrapar al Dragón Rojo, como Bryan Fuller ha prometido que ocurrirá a lo largo de esta temporada.

De momento, Hannibal Lecter está libre. Disfruten del espectáculo.

Copyright del artículo © Julia Alquézar Solsona. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © Dino de Laurentiis Company, Living Dead Guy Productions, AXN Original Productions, Gaumont International Television, Sony Pictures Television. Reservados todos los derechos.

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Julia Alquézar

Desde siempre he leído y he escrito. De niña era mi entretenimiento, de joven, mi refugio, y de adulta intento que sea mi sustento. Elegí la carrera de filología clásica porque desde el momento en que conocí las letras clásicas, y el griego clásico en particular, me sentí fascinada y no podía resignarme a estudiar ninguna otra cosa, por mucho más sensato que pareciera. Así, me licencié en Filología clásica por la U.B. y, a continuación, decidí cursar estudios de tercer ciclo, especializándome en estética del mundo clásico y teoría de la novela antigua, lo que me permitió obtener el Diploma de Estudios Avanzados.

Casi como consecuencia inevitable después de tantos años aprendiendo a traducir a los clásicos, empecé a trabajar en el sector editorial, primero como lectora y correctora, y después como traductora editorial de inglés, francés y catalán a español. Desde 2005, y tras cursar un postgrado de traducción literaria, he tenido la oportunidad de trabajar con grandes grupos editoriales y con editoriales independientes, como Rocaeditorial, Tempus, Penguin Random House, Edhasa, Omega-Medici, Ariel, Crítica, Destino, Noguer, Casals, Cambridge University Press, Bang, Siruela, RBA, Molino, Luciérnaga, Salsa Books, Gredos, Pearson, Blume, Proteus, Suma de Letras, Círculo de Lectores, Esfera de los Libros, Capitán Swing, Fórcola, Sajalín y S·D Ediciones.

Asimismo, compagino la traducción editorial con la enseñanza del griego, el latín y la cultura clásica en general en prácticamente todos los niveles de la educación secundaria obligatoria y el bachillerato, donde intento transmitir a mis alumnos mi pasión por la lengua y la literatura, así como los valores que caracterizan el espíritu humanista.

 

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