Adivinar el futuro

Adivinar el futuro Imagen superior: Z33 Art centre (c) Hanneke Wetzer

Más allá de horóscopos o sueños de ganar la lotería, predecir el futuro sería una gran ventaja desde el punto de vista biológico.

Cualquier organismo con esta habilidad tendría ventaja en la lucha por la supervivencia. Ahorraría esfuerzo al buscar alimento, pareja y resguardo, y evitaría riesgos e inconvenientes que pudieran amenazar su existencia.

Pero, como sabemos, la profecía no existe. Ante esa realidad, los seres vivos nos tenemos que conformar con la segunda opción: si no podemos predecir el futuro, al menos podemos intentar adivinarlo con la mayor precisión posible.

¿Cómo puede un organismo sin poderes mágicos lograr esto? No hay procedimientos infalibles, pero una herramienta muy útil es el procedimiento de inferencia lógica llamado inducción.

Los filósofos la conocen bien: inducción es alcanzar, a partir de un cierto número de casos particulares, una conclusión general. Si una manzana cae, también una piedra, y también una flecha luego de lanzarla; podemos, por inducción, concluir que todas las cosas caen.

Desde luego –lo señalan muchos filósofos de la ciencia–, la inducción no siempre funciona: basta un globo lleno de helio para refutar la "ley general" de nuestro ejemplo. Técnicamente, se dice que la inducción no se sustenta lógicamente: un número finito de observaciones no comprueba una generalización aplicable a un número infinito de casos.

Pero si no es absoluta, la inducción sí es generalmente bastante buena. A falta de algo mejor, suponer que si algo ocurrió una o dos veces, volverá a ocurrir, con frecuencia –no siempre– suele ser acertado. El cerebro humano es naturalmente inductivo. (De hecho, de ahí parten muchas supersticiones: si un número nos "dio suerte" una vez, lo seguimos usando; si una persona nos traiciona una vez, dejamos de confiar en ella.)

Otras especies también aprovechan las ventajas predictivas de la inducción. Los reflejos condicionados –descubiertos por Iván Pavlov, quien entrenó a perros a salivar al escuchar una campana, sin necesidad de que hubiera comida presente– son un mecanismo fisiológico basado en la inducción. Y tienen un gran valor de supervivencia: aprender, con una sola experiencia, que si un lobo nos atacó debemos huir de todos los lobos, seguramente fue útil para nuestros ancestros. Aun los animales más simples "aprenden" a evitar siempre los factores que les han causado daño una vez.

Quizá hasta la selección natural pueda considerarse un proceso inductivo: conserva lo que funcionó alguna vez, sin garantizar que funcione siempre. A los filósofos podría sorprenderles, pero la inducción –aunque no siempre acierte– no requiere un cerebro consciente. Y tiene un innegable valor evolutivo. Por eso está imbuida en nuestra naturaleza.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Artículo publicado previamente en "¿Cómo ves?", revista mensual de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, y reproducido en "The Cult" con fines no lucrativos. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura. Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

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