Ciencia y mística

Ciencia y mística Imagen superior: "Sadko en el Reino Sumergido", obra de Ilya Repin (1844–1930).

Cuando Édouard Schuré escribió Grandes iniciados, utilizó argumentos de la ciencia ortodoxa de entonces (siglo XIX o inicios del XX) para apoyar sus argumentos místicos. Ahora, quienes continúan en la estela de Schuré siguen el mismo método y recurren a la ciencia para justificar las elucubraciones de sus místicos favoritos.

Como es obvio, la ciencia de la época de Schuré y la actual ya no es la misma. La ciencia ha cambiado, pero a los místicos que buscan el apoyo de la ciencia a sus teorías eso les da igual y retuercen la comparación, explicando las mismas propuestas de siempre, sea cual sea la actualidad científica.

La vaguedad de sus argumentos les permite adaptarse a cualquier ciencia. Nada puede, en realidad refutar sus argumentos, sencillamente porque no se trata de verdaderos argumentos.

Portada de "Les Grands Initiés. Esquisse de l'histoire secrète des religions. Rama ; Krishna ; Hermès ; Moïse ; Orphée ; Pythagore ; Platon ; Jésus" (1889)

Después de publicar lo anterior, recibí un comentario de Sarcástico:

“'La ciencia ha cambiado'.

Si llamas Ciencia al método científico estarías descalificando entonces a la antropología, la historia, la psicología, la filosofía…

La ciencia no ha cambiado, es la misma que, buscando respuestas cae en repeticiones mismas que, gente como tu critica y señala.

¿Acaso has visto tú un átomo? ¿O repites simplemente como se conforma uno por que así te lo enseñaron?

¿Cual es la diferencia entre eso y la repetición de las masas enajenadas de la Edad Media?

Mi afán es solamente decir que ciencia y mística no son tan distintas pero el divorcio dado debido al abuso de los que estaban en el poder en los 1000-1600 aún remite el estilo.”

Joseph Wright: "El alquimista descubre el fósforo" o "El alquimista en busca de la piedra filosofal" (1771), Derby Museum and Art Gallery.

En respuesta al comentario de Sarcástico escribí un largo comentario, que reproduzco aquí:

“Creo que quizá no me expliqué claramente, porque no me refería a lo que comentas.

No llamo ciencia al método científico, aunque creo que es difícil hacer ciencia sin seguir el método científico. Tampoco entiendo, por cierto, por qué el método científico no se puede aplicar a ciencias como la antropología, la historia o la psicología. En cuanto a la filosofía, la cosa es más compleja.

Tampoco creo que porque una cosa no sea científica sea por ello mala o incorrecta, o que ello suponga una descalificación.

Lo que yo quería señalar en la entrada, cuando decía que la ciencia “ha cambiado”, era que la ciencia o las ciencias han cambiado en ciertos campos y en ciertos asuntos: la física de antes de Newton, la de Newton y la relativista de Einstein ofrecen explicaciones diferentes de los fenómenos, explicaciones que a menudo corrigen o refutan las anteriores.

Y si señalaba lo anterior, era para ponerlo en relación con los planteamientos de ciertas explicaciones más o menos místicas que intentan adaptarse a la ciencia del momento (a las explicaciones científicas del momento) para dotarse de prestigio.

Mattheus van Helmont (1623–después de 1679): "El alquimista"

A esos místicos, en realidad lo que diga la ciencia (errónea o acertadamente) no les importa: sólo lo usan como un medio para apoyar sus ideas previas. Asegurarán con dogmatismo y seguridad que el éter prueba la existencia de los ectoplasmas, pero si el éter deja de ser admitido por la ciencia, entonces serán los fenómenos cuánticos los que prueben la existencia de los ectoplasmas. Sus pruebas irrefutables de ayer ahora serán otras muy diferentes, lo importante es que sus creencias no cambiarán pase lo que pase, suceda lo que suceda.

En cuanto a la diferencia entre quienes “creen” en lo que dice la ciencia y “las masas enajenadas de la Edad Media”, pues sí, creo que hay bastante diferencia, la que media entre la atención prestada a un razonamiento coherente y la prestada a una afirmación dogmática.

La diferencia es, como decía el ceramista Bernard Palissy hacia 1600, que mientras que los místicos de su época hablaban de mil y una fantasías que nadie podía ver, él invitaba a cualquiera a que visitara su taller, donde por sí mismo podría experimentar y comprobar lo que afirmaba en sus libros y charlas.

Mihály Zichy: "Bernard Palissy"

La diferencia es que la comprobación científica está al alcance de cualquiera, sin necesidad de ninguna revelación espiritual. No he visto un átomo, pero podría verlo en el acelerador de partículas del CERN, por ejemplo. Es cierto que hay otras partículas subatómicas que no se han visto, pero sí se pueden observar sus efectos, diseñar experimentos, hacer predicciones y comprobar, a la vista de cualquier persona interesada, si se cumplen o no.

Pero, insisto, precisamente la característica de la ciencia es que cambia. Por ejemplo, en el siglo XX cambió la idea que se tenía acerca de los átomos. No porque a un iluminado se le ocurriera, sino porque se propusieron nuevas hipótesis, se sugirieron experimentos que pudieran confirmar o refutar unas u otras teorías y porque esos experimentos, accesibles a cualquier interesado, obligaron a abandonar la antigua imagen.

A mí me gusta o me interesa la mística, o algunos aspectos de la mística, pero creo que es inevitable admitir que ciencia y mística son muy diferentes, en gran parte debido a eso que tú mencionas: el método científico.

Esa diferencia, por otra parte, es algo que admiten los propios místicos y, por supuesto, también los científicos.

Joseph Leopold Ratinckx: "El alquimista" (1937)

Otro asunto es que las conclusiones de un místico y las de un científico puedan coincidir, que pueden hacerlo, por supuesto, pero esa es otra cuestión. Lo importante, lo que caracteriza a ciencia y mística, es cómo se llega a esas conclusiones.

Se suele decir que la ciencia explica el “cómo” mientras que la mística se limita a afirmar el “qué”. No sé si es del todo correcto, porque la ciencia, en mi opinión, también explica el qué, pero ese qué lo explica, eso sí, a través del cómo.

La ciencia suele hacer afirmaciones modestas y las somete a escrutinio, mientras que los místicos hacen afirmaciones asombrosas pero no ofrecen ningún tipo de comprobación o falsación posible.

Cuando las observaciones, predicciones y experimentos de la ciencia muestran repetidamente un error, los científicos se ven obligados a modificar sus teorías y a menudo su visión del universo y la naturaleza, pero cuando un místico se entera de que la ciencia se ha visto obligada a cambiar sus explicaciones, eso no le afecta en absoluto: simplemente sigue diciendo lo mismo pero ahora jura y perjura que la nueva teoría científica también prueba sus afirmaciones y que el hecho de que se haya demostrado falsa la que antes servía de prueba no tiene la más mínima importancia."

Carl Spitzweg: "El alquimista"

De Schuré también hablo en mi libro La verdadera historia de las sociedades secretas.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la identidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015), El espectador es el protagonista (Alba, 2015) y El arte del engaño (Ariel, 2018).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Entrevista con Daniel Tubau.

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