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La metáfora del agua es una de las más célebres de Sunzi en El arte de la guerra y es también la favorita de muchos autores para destacar el carácter paradójico del pensamiento chino, que demuestra que lo débil y flexible puede vencer a lo fuerte y duro.

Dice Pierre de Lancre (1553–1631), uno de los más terribles cazadores de brujas de la Edad Moderna: “He aquí la caldera sobre el fuego para fabricar todo tipo de venenos, ya sea a fin de causar la muerte y maleficiar al hombre, ya sea para dañar al ganado; una sujeta las serpientes y los sapos en la mano, y la otra les corta la cabeza y los despelleja, y después los echa en la caldera”.

Toda la obra de Edna O'Brien (Tuamgraney, Irlanda, 1930) está impregnada de los paisajes de su infancia, del eco de su tierra, de sus padres, sus vecinos y amigos, su vida entera. Es una obra autobiográfica en el mayor, y mejor, sentido de la palabra. En sus libros vuelve a repetir a veces algunos acontecimientos que le han dejado huella, de forma que, sencillamente, sin alharacas, conocemos a la niña Edna, a la adolescente, a la joven y, sobre todo en su último libro Chica de campo, a la mujer y a la anciana. 

Dos Rachels, Weisz y McAdams, son las protagonistas de este film en el que las interpretaciones son lo más importante. Ambas Rachels, por otro lado, destacan por haber conseguido algo no tan sencillo para las actrices de buena presencia física: demostrar que son excelentes intérpretes y que pueden hacer algo más que lucir palmito.

No siempre los remakes son mejores que la película original, pero este es uno de esos casos. La mosca (1958), dirigida por Kurt Neumann, era una película entretenida. Su versión de los ochenta –por cierto, quién lo iba a decir, producida por Mel Brooks– es terrorífica, una de las películas más impactantes y acongojantes de la ciencia–ficción.

A comienzos de los setenta, el guionista Jean-Michel Charlier y el dibujante Jean Giraud ya están cansados de Blueberry, el teniente de caballería con más éxito del cómic europeo que crearon diez años atrás.

Goethe escribió en 1774 su novela epistolar Las desventuras del jovenWerther, un éxito inmediato que propició una serie de adaptaciones operísticas cuya más imperecedera consecuencia fue, como posiblemente nadie que se acerque a estas líneas ignore, la partitura de Jules Massenet, estrenada en Viena en 1892.

El mundo de los dinosaurios es fascinante. Quién no se ha sentido alguna vez maravillado por su apariencia y el colosal tamaño de algunos de ellos. Y quién no ha fantaseado con la ficción de El mundo perdido de Arthur Conan DoyleParque Jurásico de Michael Crichton.

Durante casi diez años me dediqué a dar recorridos en el Museo de Geología de la UNAM. Me preocupaba por dar información comprobable y lo más actualizada posible pero, como narrador de historias, también me gustaba mostrar otras caras del mismo dado. Cuando llegaba a la sala de paleontología, completaba muchos de los datos científicos con anécdotas históricas y mitología, buscando dejar una percepción más clara de la influencia que los fósiles, en especial los de dinosaurios, tienen en la cultura.

¿Se puede ser feminista y falangista? Si te llamas Mercedes Fórmica la respuesta es: rotundamente sí.

En octubre de 1898 el káiser Guillermo II de Alemania realizó una visita de Estado al Imperio Turco. Se entrevistó con el sultán y después se dirigió, en el yate Hohenzollern, a Jerusalén; desembarcó en Jaffa (Haifa) e inmediatamente viajó a Ramala (a 15 kilómetros de su destino), donde se instaló. El viaje tenía como finalidad establecer lazos diplomáticos con los turcos, y la excusa de inaugurar la Iglesia luterana del Redentor.

Lo cierto es que este trío de investigadores ‒Alba Vicente, Ferran Llorens y Àngel H. Luján‒ sabe trazar con meridiana claridad y con mucha gracia la arquitectura de la evolución, desde los cimientos teóricos hasta sus penúltimas bifurcaciones en la naturaleza.

Hubo un tiempo, digamos a mitad del siglo pasado, en que los espectadores infantiles íbamos a los cines de barrio con un código estricto de géneros. Las películas eran de tiros, de época, de aventuras, de santos, de romanos, de risas y de llorar.

Pensamos que tomamos las decisiones de manera racional, pero no es así. La tendencia política de cada ciudadano influye en su actitud frente a las falsas informaciones. Ante datos que ponen en tela de juicio al partido en el que confiamos, somos más críticos que si perjudican a la oposición. Incluso en cuestiones científicas priorizamos nuestro referente político a las verdades contrastadas.

Peter Watson en Historia intelectual del siglo XX dice, al final de un capítulo dedicado a la Francia de finales de la década de 1950, que aquel momento era "... la última ocasión en que pudo decirse que la cultura elevada dominaba una civilización de relieve."

Empecé leyendo esa dedicatoria que Borges escribió a la que fue compañera de vida:

Los lectores tenemos puntos de vista diferentes en relación con Lem. Ninguno de sus admiradores lleva en los bolsillos los mismos adjetivos para valorar su obra. Ese criterio, en muchas ocasiones, depende de la biografía de quien devora sus libros.

La ciencia ficción, como toda expresión artística, cuenta con obras atemporales que cualquier lector de cualquier época puede disfrutar; y con obras producto de su tiempo y para cuya comprensión es necesario un conocimiento previo de su marco de referencia temporal y social. Estas últimas nos sirven de puerta al pasado, que nos ayuda a entender determinados aspectos de la sociedad en cuyo seno fueron concebidas.

Grendel nació como personaje en 1983, fruto de la imaginación de Matt Wagner, como una representación, intangible pero real, de la agresividad y la violencia. Las fechorías de este ser se narrarían en la serie que con ese título publicó la editorial Comico a partir de 1986.

Con un criterio estricto, la época victoriana ocupa el reinado de Victoria I, que subió al trono con 18 años en 1837 y murió en 1901, después de llevar la corona durante más de 63 años.