Emma se equivoca

Emma se equivoca Imagen superior: Sir Thomas Lawrence, "Lady Maria Conyngham"

Alharaqueaba el día en la indecisa hora de un brumoso amanecer cuando Emma salió de su casa y, enfilando el sendero de grava y arena, se dirigió al cercano pueblo de Highbury. Al cruzar la verja del parque sintió frío y se arrebujó con un movimiento espontáneo en la peregrina azul noche que llevaba puesta.

Aunque la distancia era corta, tardó en llegar más de lo habitual porque llevaba consigo una gran cesta de comida que había preparado con el fin de dejarla en casa de las Bates.

Esa noche no había dormido apenas. En su vigilia se le aparecía la cara seria del señor Knightley diciéndole, con su voz serena pero firme, que no había obrado bien. Verla malgastar su inteligencia en realizar bromas fáciles a costa de una persona tan inferior socialmente como la señorita Bates había molestado enormemente a su amigo. Y, siguiendo la costumbre adquirida desde que Emma cumplió los trece años, no pudo callarse y le dijo lo que pensaba.

Había aprovechado para ello un breve momento en el que se quedaron solos durante la excursión del día anterior, que constituyó un sonoro fracaso como todos aquellos empeños en los que participa gente dispar y aun mal avenidas. Emma se sintió dolida con las palabras y el gesto de él, pero, en su fuero interno, reconoció las razones que lo llevaban a hacerle esa reconvención. Por eso, la noche había servido para que admitiera su equivocación y lo erróneo de su conducta. Gastar bromas a alguien que, por su inteligencia o sus posibilidades podía estar a su altura dialéctica, era una cosa. Hacerlo con alguien tan ingenuo, tan extremadamente cordial y con tan pocas luces como la señorita Bates no tenía ninguna gracia.

Cuando llegó a casa de las Bates sintió un poco de aprensión. Dudó en ese momento de cómo sería recibida y tuvo miedo de no saber expresar con su gesto lo arrepentida que estaba y lo deseosa de que todo volviera a ser como antes. Es verdad que notó cierto revuelo callado en la casa. Era muy temprano pero no tanto como para que sus amigas no ya estuvieran en danza y a pesar de la hora intempestiva la recibieron con cordialidad, incluso con afecto.

Eran buenas personas, pensó entonces Emma, y no merecían ser tratadas con desconsideración. De nuevo, una especie de ramalazo de dolor cruzó su espíritu y volvió a oír quedamente las palabras del señor Knighlety. Y descubrió con cierto asombro cuánto le importaba lo que él pensara de ella. No quería que su conducta atolondrada pudiera restarle ni un ápice a su complicidad, a su preocupación por ella, a su admiración si cabe.

La vuelta a casa transcurrió en la misma incertidumbre anterior. Se sentía triste y ni siquiera la aparición tímida de los rayos del sol anunciando que tendrían una mañana plenamente alegre sirvió para que su alma se tranquilizara.

Cuando divisó su casa a lo lejos, levantada ya la bruma matinal, deseó estar en ella, a cubierto de todas sus dudas y de todos sus errores. Cruzó el vestíbulo y se dirigió por el ancho pasillo hacia la habitación en la que sabía estaba ya su padre, sentado en su silla favorita y con la chimenea encendida caldeando la estancia. Nunca sentía demasiado calor como para renunciar al rescoldo de la leña ardiendo, según comentaba continuamente. El acecho de los resfriados era algo que su mente no podía descartar y por eso se abrigaba más de lo debido y mantenía esa imposible temperatura en el cuarto en el que pasaba tantas horas al día.

No estaba solo. El señor Woodhouse se encontraba atendiendo a su huésped favorito, el señor Knightley que, por lo que parecía, también había madrugado mucho. Las voces de ambos se confundían y ella pudo oír con claridad la palabra “Londres”. Aunque intentó marcharse sin ser oída, el fino sentido auditivo de su padre la percibió al momento y la llamó sin darle ocasión de escabullirse.

Resultaba que el señor Knigthley se marchaba a Londres por tiempo indefinido. Esta noticia cayó como un jarro de agua fría sobre Emma porque adivinó que algo en el corazón de su amigo estaba cambiando. Deseó entonces, con todas sus fuerzas, que ese cambio no fuera definitivo y no la apartara de ella. Un rayo de luz la inundó cuando, al despedirse, tras conocer por su padre la visita tempranera que había hecho a las Bates, él, el señor Knigthley la tomó de la mano y a punto estuvo de besársela, si no fuera porque, en el último momento, mudó de opinión y dejó caer la mano de Emma en el aire. Pero en sus ojos percibió ella un destello de algo que no supo nombrar.

Copyright © Catalina León Benítez. Reservados todos los derechos.

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Profesora de Geografía e Historia y de Orientación Educativa. Directora del IES Néstor Almendros de Tomares (2001/2012). Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, artículos en prensa (ABC: 12, 3, 4) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas.

En noviembre de 2009 recibí la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía. En 2015 he obtenido el Premio “Antonio Domínguez Ortiz” por la coautoría del trabajo Usos educativos de la robótica. Una casa inteligente.

En el ámbito flamenco he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. En 2015 he sido galardonada con el Premio de Honor “Flamenco en el aula” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, microrrelatos, cuentos, poemas y una novela inédita Tuyo es mi corazón. I Premio de Relatos sobre la mujer del Ayuntamiento de Tomares, en su primera edición. Premio de Cuentos Infantiles de EMASESA en 2015 por Hanna y la rosa del Cairo.

En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

Sitio Web: unaisladepapeles.blogspot.com.es/

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