Emma y la vida de los otros

Emma y la vida de los otros Imagen superior: Charles Haigh Wood

Una lectura rápida de Emma puede hacernos creer que estamos ante una casamentera al uso, alguien que, como la señora Bennett de Orgullo y Prejuicio se entretiene en buscar maridos a las chicas que conoce.

En el caso de la señora Bennett ese casamenterismo tiene un fin concreto, esto es, casar a sus propias hijas. Es un acto puramente de interés, por tanto. La finca del señor Bennett está vinculada a la línea masculina y, al no tener descendientes varones, ha de pasar por fuerza al pariente varón más próximo, nada menos que el antipático y cursilísimo señor Collins, el clérigo, primo de las chicas, que decide hacerles el favor de desposar a una de ellas para que puedan seguir ligadas a la finca familiar cuando falte el cabeza de familia.

La afición de Emma a formar parejas tiene orígenes muy distintos. Se trata de un juego intelectual. A Emma, como estoy segura de que le ocurría también a Jane Austen, el estudio de los caracteres es algo que le fascina. Pensar en cómo son las personas que la rodean, cómo actúan en determinadas circunstancias, cómo se comportan en sociedad…todo ese micromundo bastaba para hacerla disfrutar. Porque, sin duda, el disfrute de Emma (y el de Jane) tenía que ver con la naturaleza humana que, como la señorita Marple afirmaba con sapiencia “es la misma en todas partes”.

En esa visión entomológica de su mundo reside uno de los encantos de la obra de Jane Austen y, seguramente, es en Emma donde se desarrolla de forma más palpable. El escenario de la acción está circunscrito a unas pocas millas geográficas, seguramente el más reducido de todas las obras austenianas. Y los personajes se mueven en ellas de forma circular, pasando de un sitio a otro indistintamente, todos enlazados en una especie de tiovivo que la autora hace girar de una forma nada casual.

La observación de la vida de los otros es un elemento de entretenimiento para Emma, pero es también una forma de ser, una manera de vivir. A Emma le interesa la gente, cómo es, cómo reacciona, cómo vive, qué piensa. Y a Jane Austen también. Por eso dedica tan poco espacio a describir paisajes, muebles, habitaciones o vestidos y tanto a describir pensamientos o conversaciones. La acción es la vida de la gente.

Las virtudes de casamentera de Emma, es decir, la intuición que la hace predecir con acierto que dos personas se van a casar en un plazo determinado, se pone en marcha con su propia hermana. Isabella y su marido se conocen desde siempre pero es ella, Emma, la que vislumbra en primer lugar que en esa relación hay algo más que amistad. Y acierta como ya sabemos. Esto es, de todas formas, una precuela en lo que se refiere al desarrollo argumental de la novela, puesto que ya están casados cuando se inicia el relato.

Sin embargo, Emma continúa en su actividad y pone los ojos y las esperanzas en que su propia institutriz, la señorita Taylor y el señor Weston, viudo, se casen. Y vive Dios que ocurre así, y que, a juicio del señor Knightley, esto ocasiona que Emma se considere poseedora de la varita mágica de la adivinación y se lance por la pendiente de la predicción boderil sin desmayo. Hay que decir que en estos dos matrimonios residen todos los aciertos de Emma.

Después de estos éxitos iniciales todo deviene en fracaso. Parafraseando a Groucho Marx “partiendo de las estrellas hemos alcanzado la más alta cima de la miseria”. Pues así es. Ni acierta con Harriet, ni con Frank Churchill, ni con el señor Elton, ni adivina la verdadera situación sentimental de Jane Fairfax y a punto está de no entender la llamada de su propio corazón.

Ay, pobre Emma, tan deseosa de adivinar lo que encierran las vidas de los otros y tan escasamente afortunada en ello… Lo más atractivo de esta actividad de Emma es que a ella dedica sustanciosas reflexiones, largas conversaciones y también divagaciones sin fin.

La vida activa para Emma no es ir saltando de un lugar a otro, viajando sin descanso o comprando compulsivamente. No. Es mucho más una vida de interior. Es esa reflexión tan rica de matices que la lleva a desmenuzar cuidadosamente, como si fuera una pieza de pescado a la que hubiera que quitarle las espinas, todo aquello que ocurre para lograr conclusiones que concuerden con lo que piensa.

Es cierto que tiene cierta tendencia a adjudicarse éxitos que solamente la casualidad puede atribuirse, pero también lo es que oyéndola hablar o leyendo sus pensamientos nos encontramos ante un fabuloso ejercicio de introspección sobre la mente humana que merece la pena poner en valor cuando hablamos del libro. En este sentido Emma es un libro de interiores, mucho más que de exteriores. Y dado que no se nos regalan moralejas ni opiniones, ni siquiera sentencias de esas a las que tan aficionada es la literatura de la época, tendremos que hacer nosotros mismos un esfuerzo de reflexión para lograr encontrar la razón de los comportamientos y para dilucidar el sentido moral (en lo que se refiere a su bondad o a su maldad) de ellos.

La inteligencia de Emma, que todos conocen, así como el tiempo que dedica a pensar en los demás, en todos los sentidos posibles, no puede, por tanto, considerarse, una frivolidad. No es un mero entretenimiento sino una manera de acercarse al mundo que la rodea. Aunque la novela está escrita desde el punto de vista de un narrador omnisciente, no pocas veces éste se sitúa en la cabeza de la muchacha para hacernos entender hasta qué punto sus preocupaciones están relacionadas con ese encaje de piezas que pretende realizar en lo que respecta a las relaciones humanas que mantienen las personas que viven en torno a ella.

Como todo observador, no obstante, hay aspectos que se escapan, que se pierden y ello quizá porque, en muchos casos, la intuición de Emma le juega una mala pasada a la razón. A pesar de que el fracaso con Harriet es reiterativo (primero, al no aconsejarle que acepte la proposición del señor Martin, luego intentando que se empareje con el señor Elton, más tarde haciendo lo mismo con respecto a Frank Churchill y, por último, advirtiendo con pesar que el destino de las miras de Harriet entorpece su propia felicidad) hay que decir que el fracaso más clamoroso es el que se refiere a su desconocimiento de cómo es y cómo actúa, en realidad, Frank Churchill.

Emma no advierte que éste la utiliza, aunque solamente sea de forma sutil. Tampoco adivina la relación que lo une con Jane Fairfax y, por supuesto, patina ostensiblemente al relacionarlo con Harriet, demostrando un desconocimiento absoluto de su naturaleza. Lo más llamativo de todo este enredo es que el señor Knigthley, sin necesidad de presumir de vista de lince en asuntos amorosos, da en el clavo, de forma reiterada en todas las supuestas parejas que Emma quiere formar. Pero mejor será dejar este tema para otro momento, porque George Knightley, su forma de pensar, de ser y de actuar, merecen mayor espacio y mayor dedicación.

Copyright © Catalina León Benítez. Reservados todos los derechos.

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Profesora de Geografía e Historia y de Orientación Educativa. Directora del IES Néstor Almendros de Tomares (2001/2012). Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, artículos en prensa (ABC: 12, 3, 4) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas.

En noviembre de 2009 recibí la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía. En 2015 he obtenido el Premio “Antonio Domínguez Ortiz” por la coautoría del trabajo Usos educativos de la robótica. Una casa inteligente.

En el ámbito flamenco he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. En 2015 he sido galardonada con el Premio de Honor “Flamenco en el aula” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, microrrelatos, cuentos, poemas y una novela inédita Tuyo es mi corazón. I Premio de Relatos sobre la mujer del Ayuntamiento de Tomares, en su primera edición. Premio de Cuentos Infantiles de EMASESA en 2015 por Hanna y la rosa del Cairo.

En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

Sitio Web: unaisladepapeles.blogspot.com.es/

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